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En
una mesa de café cibernético, conversando
sobre distintas historias de tangos,
nació la inquietud de adentrarnos
en la de “Shusheta”, una composición
que consideramos
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tiene facetas
dignas de ser comentadas.
En primer lugar, vale introducirse en el
enigma de si su nombre rememora o tiene
relación directa con algún personaje conocido
del Buenos Aires de ayer.
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Fue compuesto por Cobián en el año 1920
como “Gran tango de salón para piano”,
es decir una pieza que hoy denominaríamos
“instrumental”. Diversas circunstancias
que ligan al autor con Martín Álzaga Unzué,
más conocido como “Macoco” permiten
suponer con bastante fundamento que él es
la persona en quien pensó Cobián al elegir
el nombre para este tango. Macoco, además
de ser su amigo, reunía todas las condiciones
para ser considerado un “shusheta”.
El significado más directo de este término
lunfardo es “petimetre”, palabra que el
diccionario español señala como proveniente
del francés: “petit maître”, es decir “señorito”.
Según la opinión de muchos, Martín Álzaga
Unzué fue el último de los playboys argentinos.
Era un joven buen mozo, deportista, millonario
y seductor, razones por las que su nombre
encuadra perfectamente en la figura que
este vocablo lunfardo califica.
A fines de la década del veinte, Cadícamo
frecuentaba el cabaret “Abbaye”,
situado en la calle Esmeralda al 600 - donde
actuaba un quinteto dirigido por Juan Carlos
Cobián, por quien el joven poeta sentía
especial admiración. Así fue como en 1919
escribe una poesía dedicada a ese lugar
de diversión, en la cual resalta las virtudes
del pianista y también califica de “play
boy” a Macoco Álzaga Unzué. Esa poesía es
la siguiente:
“L’ ABBAYE”
Este cabaret de antes,
el del año diez y ocho,
donde se lucía El Mocho
bailando el tango elegante.
Tenía un quinteto bacán
con La Nena, Ferrazzano,
Tito, Colino y al piano
el fabuloso Cobián.
El tango latía en la arteria,
las piernas se hacían de caucho;
Juan Carlos tocando El gaucho
era una cosa muy seria.
Se bebía buen scotch
y prestigiaba tu pista
un play-boy y un gran polista:
Macoco y Marcelo Bosch.
Cuenta Cadícamo en sus Memorias, que recién
en 1922 tuvo oportunidad de tomar contacto
personal con Cobián, quien le fue presentado
en una reunión llevada a cabo en la suntuosa
mansión de un Juez de Instrucción cuyo nombre
no revela, limitándose solamente a mencionarlo
como “Dr. J. Ll.”, para agregar luego que
a partir de ese día nació entre ambos una
sólida amistad. Poco tiempo después, Cobián
viaja a los Estados Unidos, de donde regresa
en 1928 y al año de estar en Buenos Aires
le pide a Cadícamo que le “ponga letra”
a “Shusheta” y a otros tangos de su autoría,
entre ellos “A Pan y Agua”, “Pico de Oro”
y “Mosca Muerta”.
“Shusheta”, en su versión instrumental,
fue llevado al disco por primera vez en
el año 1923, interpretado por un sexteto
dirigido por su autor. Otro tanto hicieron
después, entre otros: Carlos Di Sarli, Horacio
Salgán, Héctor Stamponi, Carlos García en
solo de piano, el Nuevo Quinteto Real, Pocho
Palmer, Roberto Di Filippo (bandoneón),
el Sexteto Ciudadanos del Tango y recientemente
la Orquesta Típica de la Guardia Vieja..
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En
la partitura original editada por Breyer
Hnos., la portada muestra a una figura
caminando de perfil, que luce una curiosa
galera en su cabeza, polainas y pipa.
El bastón está ausente. A fines del
año 1929 o principios del treinta, Breyer
Hnos. |
transfiere a la editorial Ricordi el catálogo
de las obras de Juan Carlos Cobián, entre
las que figuraba “Shusheta”; cuya música
recién es registrada por su autor en SADAIC
el 27 de junio de 1938, sin que Cadícamo
hiciera lo mismo con la letra.
En la “Antología Poética” – “Letras
de Tango” – tomo II - Juan Ángel Russo
– miembro titular de la Academia Nacional
del Tango - además de mencionar que
existen versos escritos en 1941 y 1944,
transcribe la letra que para el tango Shusheta
escribió Cadícamo en el año 1934 y que es
la siguiente:
Pobre shusheta, tu triunfo de ayer
hoy es la causa de tu padecer...
Te has apagao como se apaga un candil
y de shacao sólo te queda el perfil,
hoy la vejez el armazón te ha aflojao
y parecés un bandoneón desinflao.
Pobre shusheta, tu triunfo de ayer
hoy es la causa de tu padecer.
Yo me acuerdo cuando entonces,
al influjo de tus guiyes,
te mimaban las minusas,
las más papusas
de Armenonville.
Con tu smoking reluciente
y tu pinta de alto rango,
eras rey bailando el tango
tenías patente de gigoló.
Madam Giorget te supo dar
su gran amor de gigolet,
la Ñata Inés te hizo soñar...
¡y te empeñó la vuaturé!
Y te acordás cuando a Renée
le regalaste un reló
y al otro día
la fulería
se paró.
Sin embargo, en la partitura editada por
Ricordi en 1941 se incluye otra letra escrita
por Enrique Cadícamo, en la cual el poeta
repite como un latiguillo, al principio,
al promediar y al final, dos versos que
dicen: “Pobre Shusheta tus triunfos de
Ayer. / Hoy es la causa de tu padecer”.
Estos versos, que figuran también en
la versión de 1934 , fueron luego reemplazados
en las posteriores letras por los ya famosos
de “Toda la calle Florida lo vio / con
su polainas, galera y bastón” con la
sola variante de utilizar el pronombre “te”
en lugar del “lo”. Entendemos oportuno destacar
que en el texto incluido en dicha partitura,
Cadícamo comienza a esbozar la presencia
de su “shusheta” en determinados sitios
de baile y diversión, circunstancia que
repetirá de ahí en más, en todas las otras
letras que escribió para este tango.
En la portada de la edición del año 1941
aparece la figura, mostrada de frente, de
un personaje con bigotes, traje a cuadros,
galera, polainas y ahora sí, con bastón
y sus versos son los siguientes:
I
Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer
Hoy es la causa de tu padecer…
Te has apagao como se apaga un candil…
Poco ha quedao de tu figura gentil…
Hoy la vejez el pelo te lo ha blanqueao
y en tu mirar hay un dolor del Pasao…
Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer
Hoy es la causa de tu padecer…
II
Yo me acuerdo cuando entonces
halagado por la vida te paseabas muy
triunfante por la elegante calle Florida…
Y hecho un Dandy te caias al Pabellón
de las Rosas y tu estampa era famosa
por tu arrogancia de gran señor…
III
Ah, tiempo del Petí-Salón..!
¡Cuánta locura juvenil…!
¡Ah tiempo aquel de la Sección “Champán
– tangó” de “Armenonvill”… Todo pasó
como un fugaz instante lleno de emoción…
Hoy solo quedan recuerdos en tu corazón…
Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer
Hoy es la causa de tu padecer….


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Cuenta Cadícamo que en el año 1944, Ángel
D’Agostino le pide que adapte la letra de
“Shusheta” a los tiempos que corren, pues
para ese entonces el gobierno había prohibido
el uso de palabras lunfardas en los tangos.
Cobián autoriza a realizar dicha modificación
y es así como “Shusheta” se convierte temporariamente
en “El Aristócrata” y sus versos dicen así:
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón...
Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón...
Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones,
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un ensueño
iba el porteño conquistador..
Ah, tiempos del Petit Salón...
Cuánta locura juvenil...
Ah, tiempo aquel de la sección
Champán Tangó de "Armenonville".
Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción...
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón...
Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón..
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El
5 de abril de 1945 Ángel D’Agostino,
con la voz de Ángel Vargas, graba este
tango pero suprimiendo en el canto las
estrofas quinta y sexta.
Es muy posible que D’Agostino haya sacrificado
esos versos con el fin de darle más
cabida a la música |
propiamente dicha, dado el estilo milonguero
de su orquesta. Esta letra es la más conocida
por el público y fue precisamente la voz
de Ángel Vargas la que más se identificó
con ella, grabándola nuevamente el 30 de
agosto de 1957 con la orquesta de Edelmiro
D’Amario. Por su parte Roberto Goyeneche
la llevó al disco en el año 1984 con el
Sexteto Tango.
Según una fuente confiable, existe en los
archivos de SADAIC una letra de fecha 22
de febrero de 1946 escrita por Enrique Cadícamo,
que con algunas alteraciones responde a
la transcripta precedentemente, que es la
que cantaron Vargas y Goyeneche. En sus
respectivas versiones ambos intérpretes
emplean la frase: “con sus polainas, galera
y bastón”, mientras que según la letra que
figura en los archivos de SADAIC, el autor
escribió: “con sus polainas, chambergo
y bastón”. Otro tanto sucede cuando
dicen: “Engalanó la puerta del Jockey
Club”, mientras que Cadícamo escribió:
“que engalanó las fiestas del Jockey Club”.
Pensamos que estas licencias deben haber
contado, en su momento, con la aprobación
del poeta.
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El 22 de septiembre de 1965 Ricordi lanza
una nueva edición de “Shusheta”, incluyendo
en ella una letra escrita por Enrique Cadícamo
que poco y nada tiene en común con la cantada
por Vargas y Goyeneche. En la portada de
esa publicación puede verse delante de un
fondo de casas bajas, un farol y recostado
en él a un hombre de marcada “pinta maleva”,
con lengue y chambergo. No obstante este
último detalle, la letra hace referencia
al uso de la “galera” y en su todo dice
así:
I
Toda la calle Florida te vio
con tus polainas, galera y bastón…
Hoy quien te ve…
en falsa escuadra y chacao,
tomando sol con un nietito a tu lao…
Vos, que una vez, rompistes un cabaré;
hoy, retirao... ni amor, ni guerra querés…
Toda la calle Florida te vio
con tus polainas, galera y bastón…
II
Te apodaban "El Shusheta"
por lo bien que te vestías…
Peleador y calavera
a tu manera te divertías...
Y hecho un Dandy, medio en copas,
en los altos del Casino,
la patota te aclamaba
si milongueabas un buen gotán…
III
Ah, tiempo del Petí Salón…
Cuánta locura juvenil...
Ah, tiempo aquel de la "Sección Champán-
Tangó" de “Armenonvil”…
Todo pasó como un fugaz instante
lleno de emoción…
Hoy solo quedan
recuerdos en tu corazón…
Toda la calle Florida te vio
con tus polainas, galera y bastón..
La única grabación conocida de esta versión
fue registrada en 1978 por Osvaldo Ribó,
acompañado en guitarra por Hugo Rivas y
en la misma, el intérprete respeta enteramente
los versos transcriptos anteriormente.
El 21 de junio del 2000, la casa Ricordi
reedita la partitura de Shusheta , incluyendo
al pie del texto musical los mismos versos
de la del año 1965, si bien en la contratapa
reproduce, con algunos pequeños cambios,
la letra que en su momento cantaran Ángel
Vargas y Roberto Goyeneche.
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En cuanto a quién fue el inspirador
de la letra del tango “Shusheta”, Juan
Ángel Russo le adjudica tal condición
al “Payo Roqué” y al afirmarlo agrega:
“Esto solía contarlo en reuniones de
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café nuestro querido y recordado Cadícamo”,
justamente con la intención “de salir al
cruce de versiones que señalaban a Jorge
Newbery como destinatario del mismo”. Personalmente
nos quedan dudas de que el “Payo Roqué”
haya sido el “shusheta” que inspiró a Cadícamo,
pues su entero perfil no es precisamente
el que pinta el poeta en sus letras. Es
por todos conocidos que el “Payo” fue una
figura característica de los medios bohemios,
un silbador maravilloso y un personaje que
jamás trabajó, pues siempre vivió de la
benevolencia de sus muchas amistades.
Nos encontramos así frente a un enigma
de no fácil resolución, por lo cual consideramos
que no sería serio de nuestra parte afirmar
que las letras de “Shusheta” hayan tenido
un inspirador determinado. Es por ello que
creemos interesante repetir aquí lo dicho
por Cadícamo a Juan Carlos Cobián respecto
del motivo en que se inspiró para escribir
la letra de “La casita de mis viejos”: “Cualquier
semejanza con seres vivientes o extintos,
será simple coincidencia”. Estas palabras
bien podrían ilustrarnos acerca de los muchos
motivos de inspiración que colmaron la vena
poética de Enrique Cadícamo al escribir
las letras de sus tangos, tal cual es posible
apreciarlo en gran número de sus creaciones,
más allá de la que nos ocupa.
Antes de finalizar esta crónica, deseamos
expresar nuestra coincidencia con el maestro
Roberto Selles, cuando en uno de sus trabajos
dice: “en el campo de la investigación,
ninguna afirmación es absoluta”.
Verónica H. Carreras Venturini
y José Pedro Aresi
(*) Este trabajo fue difundido
por la ACADEMIA PORTEÑA DEL LUNFARDO , como
Comunicación Académica N° 1598
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