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29 November, 2009 4:24 PM
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Las cuatro letras del tango “Shusheta” (*)
Por Verónica H. Carreras Venturini y José Pedro Aresi

En una mesa de café cibernético, conversando sobre distintas historias de tangos, nació la inquietud de adentrarnos en la de “Shusheta”, una composición que consideramos

tiene facetas dignas de ser comentadas.

En primer lugar, vale introducirse en el enigma de si su nombre rememora o tiene relación directa con algún personaje conocido del Buenos Aires de ayer.

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Fue compuesto por Cobián en el año 1920 como “Gran tango de salón para piano”, es decir una pieza que hoy denominaríamos “instrumental”. Diversas circunstancias que ligan al autor con Martín Álzaga Unzué, más conocido como “Macoco” permiten suponer con bastante fundamento que él es la persona en quien pensó Cobián al elegir el nombre para este tango. Macoco, además de ser su amigo, reunía todas las condiciones para ser considerado un “shusheta”. El significado más directo de este término lunfardo es “petimetre”, palabra que el diccionario español señala como proveniente del francés: “petit maître”, es decir “señorito”. Según la opinión de muchos, Martín Álzaga Unzué fue el último de los playboys argentinos. Era un joven buen mozo, deportista, millonario y seductor, razones por las que su nombre encuadra perfectamente en la figura que este vocablo lunfardo califica.

A fines de la década del veinte, Cadícamo frecuentaba el cabaret “Abbaye”, situado en la calle Esmeralda al 600 - donde actuaba un quinteto dirigido por Juan Carlos Cobián, por quien el joven poeta sentía especial admiración. Así fue como en 1919 escribe una poesía dedicada a ese lugar de diversión, en la cual resalta las virtudes del pianista y también califica de “play boy” a Macoco Álzaga Unzué. Esa poesía es la siguiente:

“L’ ABBAYE”

Este cabaret de antes,
el del año diez y ocho,
donde se lucía El Mocho
bailando el tango elegante.
Tenía un quinteto bacán
con La Nena, Ferrazzano,
Tito, Colino y al piano
el fabuloso Cobián.
El tango latía en la arteria,
las piernas se hacían de caucho;
Juan Carlos tocando El gaucho
era una cosa muy seria.
Se bebía buen scotch
y prestigiaba tu pista
un play-boy y un gran polista:
Macoco y Marcelo Bosch.

Cuenta Cadícamo en sus Memorias, que recién en 1922 tuvo oportunidad de tomar contacto personal con Cobián, quien le fue presentado en una reunión llevada a cabo en la suntuosa mansión de un Juez de Instrucción cuyo nombre no revela, limitándose solamente a mencionarlo como “Dr. J. Ll.”, para agregar luego que a partir de ese día nació entre ambos una sólida amistad. Poco tiempo después, Cobián viaja a los Estados Unidos, de donde regresa en 1928 y al año de estar en Buenos Aires le pide a Cadícamo que le “ponga letra” a “Shusheta” y a otros tangos de su autoría, entre ellos “A Pan y Agua”, “Pico de Oro” y “Mosca Muerta”.

“Shusheta”, en su versión instrumental, fue llevado al disco por primera vez en el año 1923, interpretado por un sexteto dirigido por su autor. Otro tanto hicieron después, entre otros: Carlos Di Sarli, Horacio Salgán, Héctor Stamponi, Carlos García en solo de piano, el Nuevo Quinteto Real, Pocho Palmer, Roberto Di Filippo (bandoneón), el Sexteto Ciudadanos del Tango y recientemente la Orquesta Típica de la Guardia Vieja..

En la partitura original editada por Breyer Hnos., la portada muestra a una figura caminando de perfil, que luce una curiosa galera en su cabeza, polainas y pipa.
El bastón está ausente. A fines del año 1929 o principios del treinta, Breyer Hnos.

transfiere a la editorial Ricordi el catálogo de las obras de Juan Carlos Cobián, entre las que figuraba “Shusheta”; cuya música recién es registrada por su autor en SADAIC el 27 de junio de 1938, sin que Cadícamo hiciera lo mismo con la letra.

En la “Antología Poética” – “Letras de Tango” – tomo II - Juan Ángel Russo – miembro titular de la Academia Nacional del Tango - además de mencionar que existen versos escritos en 1941 y 1944, transcribe la letra que para el tango Shusheta escribió Cadícamo en el año 1934 y que es la siguiente:

Pobre shusheta, tu triunfo de ayer
hoy es la causa de tu padecer...
Te has apagao como se apaga un candil
y de shacao sólo te queda el perfil,
hoy la vejez el armazón te ha aflojao
y parecés un bandoneón desinflao.
Pobre shusheta, tu triunfo de ayer
hoy es la causa de tu padecer.

Yo me acuerdo cuando entonces,
al influjo de tus guiyes,
te mimaban las minusas,
las más papusas
de Armenonville.
Con tu smoking reluciente
y tu pinta de alto rango,
eras rey bailando el tango
tenías patente de gigoló.

Madam Giorget te supo dar
su gran amor de gigolet,
la Ñata Inés te hizo soñar...
¡y te empeñó la vuaturé!
Y te acordás cuando a Renée
le regalaste un reló
y al otro día
la fulería
se paró.

Sin embargo, en la partitura editada por Ricordi en 1941 se incluye otra letra escrita por Enrique Cadícamo, en la cual el poeta repite como un latiguillo, al principio, al promediar y al final, dos versos que dicen: “Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer. / Hoy es la causa de tu padecer”. Estos versos, que figuran también en la versión de 1934 , fueron luego reemplazados en las posteriores letras por los ya famosos de “Toda la calle Florida lo vio / con su polainas, galera y bastón” con la sola variante de utilizar el pronombre “te” en lugar del “lo”. Entendemos oportuno destacar que en el texto incluido en dicha partitura, Cadícamo comienza a esbozar la presencia de su “shusheta” en determinados sitios de baile y diversión, circunstancia que repetirá de ahí en más, en todas las otras letras que escribió para este tango.

En la portada de la edición del año 1941 aparece la figura, mostrada de frente, de un personaje con bigotes, traje a cuadros, galera, polainas y ahora sí, con bastón y sus versos son los siguientes:

I

Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer
Hoy es la causa de tu padecer…
Te has apagao como se apaga un candil…
Poco ha quedao de tu figura gentil…
Hoy la vejez el pelo te lo ha blanqueao
y en tu mirar hay un dolor del Pasao…
Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer
Hoy es la causa de tu padecer…

II

Yo me acuerdo cuando entonces
halagado por la vida te paseabas muy
triunfante por la elegante calle Florida…
Y hecho un Dandy te caias al Pabellón
de las Rosas y tu estampa era famosa
por tu arrogancia de gran señor…

III

Ah, tiempo del Petí-Salón..!
¡Cuánta locura juvenil…!
¡Ah tiempo aquel de la Sección “Champán – tangó” de “Armenonvill”… Todo pasó
como un fugaz instante lleno de emoción…
Hoy solo quedan recuerdos en tu corazón…

Pobre Shusheta tus triunfos de Ayer
Hoy es la causa de tu padecer….

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Cuenta Cadícamo que en el año 1944, Ángel D’Agostino le pide que adapte la letra de “Shusheta” a los tiempos que corren, pues para ese entonces el gobierno había prohibido el uso de palabras lunfardas en los tangos. Cobián autoriza a realizar dicha modificación y es así como “Shusheta” se convierte temporariamente en “El Aristócrata” y sus versos dicen así:

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón...

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer. Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón...

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones,
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un ensueño
iba el porteño conquistador..

Ah, tiempos del Petit Salón...
Cuánta locura juvenil...
Ah, tiempo aquel de la sección
Champán Tangó de "Armenonville".

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción...
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón...

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón..

El 5 de abril de 1945 Ángel D’Agostino, con la voz de Ángel Vargas, graba este tango pero suprimiendo en el canto las estrofas quinta y sexta.
Es muy posible que D’Agostino haya sacrificado esos versos con el fin de darle más cabida a la música

propiamente dicha, dado el estilo milonguero de su orquesta. Esta letra es la más conocida por el público y fue precisamente la voz de Ángel Vargas la que más se identificó con ella, grabándola nuevamente el 30 de agosto de 1957 con la orquesta de Edelmiro D’Amario. Por su parte Roberto Goyeneche la llevó al disco en el año 1984 con el Sexteto Tango.

Según una fuente confiable, existe en los archivos de SADAIC una letra de fecha 22 de febrero de 1946 escrita por Enrique Cadícamo, que con algunas alteraciones responde a la transcripta precedentemente, que es la que cantaron Vargas y Goyeneche. En sus respectivas versiones ambos intérpretes emplean la frase: “con sus polainas, galera y bastón”, mientras que según la letra que figura en los archivos de SADAIC, el autor escribió: “con sus polainas, chambergo y bastón”. Otro tanto sucede cuando dicen: “Engalanó la puerta del Jockey Club”, mientras que Cadícamo escribió: “que engalanó las fiestas del Jockey Club”. Pensamos que estas licencias deben haber contado, en su momento, con la aprobación del poeta.

El 22 de septiembre de 1965 Ricordi lanza una nueva edición de “Shusheta”, incluyendo en ella una letra escrita por Enrique Cadícamo que poco y nada tiene en común con la cantada por Vargas y Goyeneche. En la portada de esa publicación puede verse delante de un fondo de casas bajas, un farol y recostado en él a un hombre de marcada “pinta maleva”, con lengue y chambergo. No obstante este último detalle, la letra hace referencia al uso de la “galera” y en su todo dice así:

I
Toda la calle Florida te vio
con tus polainas, galera y bastón…

Hoy quien te ve…
en falsa escuadra y chacao,
tomando sol con un nietito a tu lao…
Vos, que una vez, rompistes un cabaré;
hoy, retirao... ni amor, ni guerra querés…

Toda la calle Florida te vio
con tus polainas, galera y bastón…

II
Te apodaban "El Shusheta"
por lo bien que te vestías…
Peleador y calavera
a tu manera te divertías...
Y hecho un Dandy, medio en copas,
en los altos del Casino,
la patota te aclamaba
si milongueabas un buen gotán…

III
Ah, tiempo del Petí Salón…
Cuánta locura juvenil...
Ah, tiempo aquel de la "Sección Champán-
Tangó" de “Armenonvil”…
Todo pasó como un fugaz instante
lleno de emoción…
Hoy solo quedan
recuerdos en tu corazón…

Toda la calle Florida te vio
con tus polainas, galera y bastón..

La única grabación conocida de esta versión fue registrada en 1978 por Osvaldo Ribó, acompañado en guitarra por Hugo Rivas y en la misma, el intérprete respeta enteramente los versos transcriptos anteriormente.

El 21 de junio del 2000, la casa Ricordi reedita la partitura de Shusheta , incluyendo al pie del texto musical los mismos versos de la del año 1965, si bien en la contratapa reproduce, con algunos pequeños cambios, la letra que en su momento cantaran Ángel Vargas y Roberto Goyeneche.

En cuanto a quién fue el inspirador de la letra del tango “Shusheta”, Juan Ángel Russo le adjudica tal condición al “Payo Roqué” y al afirmarlo agrega: “Esto solía contarlo en reuniones de

café nuestro querido y recordado Cadícamo”, justamente con la intención “de salir al cruce de versiones que señalaban a Jorge Newbery como destinatario del mismo”. Personalmente nos quedan dudas de que el “Payo Roqué” haya sido el “shusheta” que inspiró a Cadícamo, pues su entero perfil no es precisamente el que pinta el poeta en sus letras. Es por todos conocidos que el “Payo” fue una figura característica de los medios bohemios, un silbador maravilloso y un personaje que jamás trabajó, pues siempre vivió de la benevolencia de sus muchas amistades.

Nos encontramos así frente a un enigma de no fácil resolución, por lo cual consideramos que no sería serio de nuestra parte afirmar que las letras de “Shusheta” hayan tenido un inspirador determinado. Es por ello que creemos interesante repetir aquí lo dicho por Cadícamo a Juan Carlos Cobián respecto del motivo en que se inspiró para escribir la letra de “La casita de mis viejos”: “Cualquier semejanza con seres vivientes o extintos, será simple coincidencia”. Estas palabras bien podrían ilustrarnos acerca de los muchos motivos de inspiración que colmaron la vena poética de Enrique Cadícamo al escribir las letras de sus tangos, tal cual es posible apreciarlo en gran número de sus creaciones, más allá de la que nos ocupa.

Antes de finalizar esta crónica, deseamos expresar nuestra coincidencia con el maestro Roberto Selles, cuando en uno de sus trabajos dice: “en el campo de la investigación, ninguna afirmación es absoluta”.

Verónica H. Carreras Venturini
y José Pedro Aresi

(*) Este trabajo fue difundido por la ACADEMIA PORTEÑA DEL LUNFARDO , como Comunicación Académica N° 1598

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