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Amigos del tango: Será por la necesidad
de ver a mi querido país más unido que nunca
y pensando que aquellos elementos que conforman
nuestro patrimonio cultural – el tango entre
ellos – pueden contribuir a ello, he querido
darle a nuestra música ciudadana el verdadero
carácter nacional que tiene, realzando la
tarea y los aportes efectuados en las provincias,
algunas muy lejanas del Río de la Plata
que lo vio nacer.

Horacio Belmaña .
Creo que es justicia, ya que si bien la
cuna indiscutible del tango y el escenario
de su desarrollo fue Buenos Aires, no menos
cierto es el aporte provinciano en materia
de músicos, compositores y cantores, de
los cuales aún permanece Jorge Arduh (con
sus 82 años) en Córdoba, como único exponente
de "orquesta completa" con doce integrantes
y tres cantores.
En esta oportunidad y para sorpresa de
muchos, haré un viaje simbólico por Santiago
del Estero, tan ligada a la zamba y aparentemente
tan poco al tango.
Para ello recurro a la obra del destacado
historiador y político Luis C. Alen Lascano
“Las provincias y el tango”, editada por
“Ed. Copiar” en abril de 2001, agregando
que el citado autor también lo fue de numerosas
obras vinculadas con el arte y la cultura
y la política. A ello le sumo el siempre
valioso testimonio del historiador cordobés
Efraín U. Bischoff quien como una muestra
de amistad de largos años me nutre permanentemente
de historias y anécdotas.
Efectuando una apretada síntesis de la
obra citada diremos que dentro de la bibliografía
existente acerca de la música popular argentina
y especialmente en la importante enciclopedia
“El libro del tango,” no se ha dado la merecida
difusión que autores e intérpretes del interior
han merecido, por su entrega a nuestra música
ciudadana.
Excepto los aportes efectuados desde Córdoba
por Efraín U. Bischoff en su obra “El tango
en Córdoba”, cuya primera edición data de
1966, es muy poco lo que se dice de los
compositores y músicos provincianos que
actuaron sin la publicidad merecida. Tal
el caso de Santiago del Estero que afianzó
su historial tanguístico en las décadas
de los años 1910 y 1920.
Allí actuaron figuras de gran importancia
entre los cuales y de manera especial citamos
a Marcos Brizzio Córdoba, nacido
precisamente en la ciudad homónima un 7
de octubre de 1900. La presencia de este
músico, compositor, ejecutante, director
y cantor, asociado a la figura de Franklin
Washington Buasso Lépori, de origen santafesino,
brindó numerosos e importantes obras en
nuestro género tanguero. Obviamente es imprescindible
citar a Homero Nicolás Manzione, nacido
en Añatuya en 1907 y luego trasladado a
la Capital Federal para proseguir sus estudios,
donde asume la definitiva personalidad de
Homero Manzi. Ambos dejaron una rápida producción
como intuyendo que la muerte pronto llegaría.
Homero murió antes de cumplir 44 años y
Brizzio Córdoba antes de los 46,
hoy consideradas edades juveniles.
Si la vida de Homero Manzi se enmarca en
los años locos de aquel Buenos Aires gardeliano,
los de Brizzio Córdoba lo fueron en un contexto
santiagueño regido por las enseñanzas señeras
del maestro Manuel Gomez Carrillo y afianzadas
por los ecos de la campaña triunfal de Andrés
Chazarreta y su compañía folclórica, aplaudida
desde su debut en la noche porteña del Teatro
Politeama, el 16 de marzo de 1921. La crítica
ovacionaba a Chazarreta y sus artistas.
Las mentas de Patrocinio Diaz la proclamaban
reina de la canción nativa y su fama la
llevó a participar con Filiberto en su orquesta
con la cual grabó algunos temas importantes.
Brizzio Córdoba arribó a Santiago del Estero
en los años primeros del siglo XX. Animoso
y dicharachero, este cordobés empleado de
Correos y Telégrafos se convirtió en el
arquetipo de la noche santiagueña, con su
arte, su simpatía natural y espíritu bromista.
De inmediato fue bautizado como “Bulincito”
por su estampa bohemia, sus giros lunfardescos
y devoción tanguera. Fuè el animador obligado
de todas las reuniones sociales. Nuestra
música ciudadana ya estaba en Santiago del
Estero donde se vivía una “borrachera de
tango” y Brizzio Córdoba presidió la “Estudiantina
de 1928”. Allí se perfilaron como cantores
de tango, Víctor Correa y Sebastián Abal
García.
“Vitillo” Correa sería recordado por su
interpretación del tango “Cobarde”, la gran
obra de Buasso Lépori. Al “Gallego Abal”
le iban a corresponder las palmas triunfales
de “Mienten”, el tango inmortal y màs famoso
de Brizzio Córdoba. Este tango, si bien
constituyó la mejor obra de Brizzio Córdoba,
ha sido recordado por la magistral interpretación
de Abal García en aquella Estudiantina de
1928.
.
Jorge Arduh, Gabino Coria Peñalosa, Juan
Collino


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Si con “Mienten” obtuvo Brizzio Córdoba
la más rápida popularidad, su multifacética
personalidad le permitió abordar variados
temas y consolidó una obra autoral que ubicó
a la tanguística santiagueña en el mejor
nivel de la evolución musical argentina,
aunque hoy se hayan olvidado tantos episodios.
La temática de Brizzio Córdoba incursionaba
en argumentos que nos rodean diariamente,
con la sensibilidad poética de entonces.
Temas comunes: como "Mienten" donde canta
un reproche. No fue un poeta "especializado"
como Manzi en temas de barrio o Katunga
en temas de dolor sentimental.
Con algún parentesco con “Yira, yira”,
decía el autor:
“Eterna historia
De amor mentido
Que ha sucumbido
Quien lo creyó.
Te llamarán amigo
Mienten,
Se reirán detrás....”
El tango “Mienten” fue llevado al disco
por la orquesta típica de Roberto Firpo
en una grabación que desgraciadamente hoy
se considera perdida.
En el mismo año 1928, Brizzio Córdoba dio
a conocer otro de sus grandes tangos: “Sueño
de una novia”, pleno de inspiración romántica
con letra que le pertenecía
“Soñabas noviecita
El sueño de una virgen
De una virgen del Edén
Llevabas......
Llevabas dentro de tu pecho
El sacro mandamiento del deber....”
“Sueño de una novia” estuvo dedicado al
maestro Julio De Caro, quien grabó este
tango para el sello Víctor retribuyendo
atenciones al autor.
Continuó la producción de Brizzio Córdoba
con: “Golondrina” compuesto en colaboración
con Buasso Lépori; “Buscando” y “Mi pasado”,
cuya promoción advertía: “Cantado con gran
éxito por la señorita Marujita Gonzalez
por radiotelefonía”.
En 1919 hizo conocer “Gallinita” dedicado
a Sofía Bozán quien lo estrenara en Buenos
Aires “a su medida”, ya que se trataba de
una obra de letra satírica y cachadora.
Consideramos que el último gran aporte
de Brizzio Córdoba a nuestra música provinciana
fue su obra “Tango Santiagueño” registrado
en 1931 y dedicado a la inolvidable Azucena
Maizani, quien lo interpretó en una visita
a Santiago del Estero. “El Tango Santiagueño”
fue creado al estilo de “La Canción de Buenos
Aires”:
“Porque el tango y el fuelle es el alma
El alma pura de la ciudad...”

Ciudad de Córdoba
A las obras citadas le agregamos “La Canción
de una Reina” y “Quién dijo miedo” con lo
que se completa la obra de Brizzio Córdoba
en Santiago del Estero.
De regreso a Córdoba en 1934 se incorpora
a los radioteatros colaborando con Efraín
U. Bischoff en la parte musical, el que
además contaba con un pianista suplente
del cual vale la pena hablar: Raúl Felipe
Lucini, quien con los años fue Gobernador
de la Pcia. de Córdoba.
Lucini, de origen muy humilde, costeó sus
estudios como pianista de orquestas populares
cuando tenía tan solo once años (11). Este
talentoso músico apasionado del tango, siguió
costeando sus estudios de medicina al piano
de una orquesta típica que actuaba en el
más famoso cabaret de Còrdoba, el “Petit
Edén”. Finalizaba su labor a las 5 de la
mañana y a las 8 se encontraba sentado en
su aula universitaria. Ejecutó su último
tango el día en que se recibió. A las 6
de la mañana abandonó el cabaret y a las
9 rendía su última materia. Ese día nos
quedamos sin un gran pianista y ganamos
un gran médico. Diría yo que fue “el tango
del adiós”.
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Marcos Brizzio Córdoba falleció el 23 de
mayo de 1946 en su Córdoba natal y su nombre
merece ser inscripto junto a los más grandes
exponentes de la tanguística regional junto
a Manuel Gomez Carrillo, Andrés Chazarreta,
Carlos Schaeffer Gallo, Buaso Lopez, Domingo
Spezzi, Werfil Maldonado, Miguel Alberto
Arias y otros injustamente olvidados a quienes
la historia del tango le debe grandes aportes
que deben revalorizarse en días en que la
globalización nos obliga a reforzar nuestra
individualidad cultural.
Horacio Belmaña
Marzo de 2006
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