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Buena costumbre para el cuerpo es caminar
dicen los médicos; pero más sana y mejor idea
para el espíritu es caminar el barrio, y si
el elegido por la vida es el Abasto, dicen
los que saben, mucho mejor.
Y yo iluso de mi, me animé a seguir ese consejo...
y para qué;
Quise volver a encontrarme con aquellas mis
viejas veredas repletas como siempre de cansados
changadores, con pesados bultos como si cargasen
sobre sí globos terráqueos, iluminados por
lánguidas lámparas que rebotaban sus figuras
con variadas formas contra el suelo, como
pretendiendo distraerlos de tantos cansancios.
Quise volver a encontrarme con aquellos viejos
puesteros, “puntos con pretensiones de canfinfleros”
en una mezcla especial de aquella Calabria
con este Abasto, quienes lucían con nada de
humildad relojes con tapa y cadenas de oro
colgadas de los bosillos del chaleco; con
esos viejos tanos changadores con faja a la
cintura para evitar herniarse, quienes tenían
en sus pausas como única comida, haba cruda,
pan y cebolla, pues su única finalidad era
traer a los suyos que habían quedado allá
esperando el ansiado llamado.
Quise volver a encontrarme, girando por las
calles circundantes de Anchorena, Lavalle,
Agüero y Corrientes con sus ruidosos bares,
fondas y boliches como eran El Progreso, El
Universal (el de mi viejo), El Torino, El
Chanta Cuatro, El Roma, El Ideal, El Huevo
Duro, La Copa de Oro, El Modesto, El Internacional,
El Morocho del Abasto, El 580, El de Pombo,
El Chacarero, Dellepiane, El Abasto Bar, La
Cueva, todos utilizados como oficinas administrativas
por consignatarios, puesteros, feriantes y
changadores, para pagos y cobros. También
los habitaban en sus rincones quinielas, timberos
y vagos para ejercer sus trampas; llenas sus
mesas de personajes sacados de libros de aventuras
fantasiosas con variados ropajes de acuerdo
a sus tareas, pero casi todos salvo los últimos
nombrados, con manos surcadas por trabajos
duros, que iban a darse el único vicio diario
permitido: jugar a las cartas con desafíos
ya programados por los perdedores del día
anterior.
Quise volver a encontrarme con las chatas
cargadas hasta el mango y los matungos cadeneros
adormilados por el cansancio y la noche, colocados
en chanfle sobre Corrientes y a quienes los
tranvías al pasarles tan cerca despertaban
y afeitaban la trompa si no la levantaban.
Quise volver a encontrarme con el pizzero
instalado en cualquiera esquina, quien con
un solo grito anunciante de su llegada, lograba
como acto de magia reunir en su derredor una
multitud de hambrientos laburantes, quienes
para no perder tiempo pasaban con sus bultos
a cuestas, pagaban y devorando porciones se
alejaban tambaleando sus cargas cual equilibristas
en altas sogas.
Quise volver a encontrarme con los quinielas
industriales de cuño nacional, quienes recorriendo
puestos y bares, lejos de las miradas distraídas
de los canas entongados, recibían a su paso
sonrientes saludos de los que habían ganado,
y de todos papelitos llenos de números esperanzados,
pero de escasas futuras realidades.
Quise volver a encontrarme con feriantes
de delantales llenos de dineros fruto de las
ventas con los que saldaban deudas por cargas
recibidas sin firmar papel alguno como algo
natural y lógico; sacando guita sucia y mezclada
las que iban limpiando, separando y pasándoselas
al vendedor, mientras se regateaba el valor
final entre insultos mutuos, como si fuera
a llegar para los dos el fin del mundo, pero
era sólo el último juego hasta el siguiente
día.

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Quise volver a encontrarme con mi nono Pepe,
el único con guardapolvo y cuello duro, caminando
por Corrientes con el paco de la venta en
mano hacia el banco, como costumbre diaria
y habitual, a vista de todos los pasantes
como si nada llevase, entrar, dejarlo en ventanilla
y volverse a trabajar sin esperar que lo contase,
pues no era necesario; todos sabían que nada
debía faltar y nada faltaba.
Quise volver a encontrarme con algunos de
aquellos que como yo, nacieron, vivieron o
transitaron a diario las calles del barrio
que con razón llamo “La Belén del tango, catedral
mundial gardeliana”.
Quise encontra y no pude, a Carlos Gardel
saliendo de su casa de Jean Jaurez rumbo a
un “trocen” de fantasías, o al “Gordo” Troilo,
al “Nene” Rufino, a Horacio Salgán, a Manuel
Pizarro llegando de París, a Juan Maglio “Pacho”,
a José Gola en “Fuera de la ley”, a El Cachafaz
, a la familia Tagini envuelta en una “Marioneta”,
a Milagros de la Vega y Pepe Arias cuando
filmaron “Todo un héroe” , a “Pucho” Guibourg
saliendo del “cole” de la calle Anchorena,
a Pedro Quartucci, a Minotto y su bandoneón,
a Lucio y Lucas Demare junto a Malena viendo
“La guerra gaucha” , a Juan Polito y su piano,
al “Troesma” Osvaldo Pugliese “yumbeando”
en los cuarenta, a Santiago Devin y “la hija
del viejito guardafaro”, a Jorge Duran, a
la “Negra” Mercedes Simone, a Azucena Maizani,
a Reinaldo Nichele, a Virgina Luque, a Chola
Luna, Miguel Nijenson, Jorge Vidal, Carmen
Duval o la Delia Garcés de “La maestrita de
los obreros”. A Oscar Larroca del “Glostora
Tango Club”, al “Pasional” Jorge Caldara,
a Marcos y Leoncito Zucker, a Alberto Vaccarezza
en “El conventillo de la Paloma”, al poeta
Mario Jorge de Lellis, a Jorge Curi, a Domingo
Sapelli en “Pampa Bárbara”, Julio Pane y su
fueye, a Tono Y Gogo Andreu dejando el barrio
rumbo a los templos de la “Revista Porteña”,
a Silvio Marinucci después de escribir “Bien
jaileife”, como a muchos otros que no nombro
porque han quedado encerrados en un cofre
cuya llave llamada “Memoria”, he perdido.

Nada de todo esto encontré y si bien entiendo
que así debe ser, pues no se debe ser iluso
y pretender volver a tener a aquellos que
se quería, ya que la vida enseña que uno vive
dejando las cosas amadas, porque los dolores
y las penas sólo te dejan cuando ya no sos.
Caminé más lento, cabeza gacha, pieses arrastrados
y charcos en los ojos, consciente que ya nada
iba a encontrar de todo aquello que quería,
por más que lo buscase; que así como se fueron
nuestros seres amados casi sin darnos cuenta,
también a nosotros se nos fue la vida, buscándonos.
Quise volverme a encontrarme hasta conmigo
.... pero ya para qué ? COCO DEL ABASTO 16/05/2002.

Coco del Abasto
16 de Mayo de 2002
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