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Nombre
de familia: Reinaldo Ghiso. (6 de abril
de 1915 - 16 de diciembre de 1978)
Este
hijo del barrio de Liniers, llegó al mundo
como se acostumbraba entonces: En la casa
de sus padres, ubicada allá en la calle
Pola 429, donde los plátanos acariciaron
sus sueños de purrete, a metros de la de
Patrón, donde reinaban los conciertos de
ranas.
Pronto
encontró en la calle su segundo hogar y
ahí aprendió a patear una primera pelota
de trapo y a mostrarse en un “hoyo y quema”.
La escuela de ”Fonrounge” (frente a la plaza)
lo vio llegar un día de marzo con su guardapolvo
blanco. Subió la escalera y en los pupitres
de sus aulas escribió los primeros versos. |
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Desde
muy joven, borroneó papeles con composiciones
que extraía de su observación de la realidad,
de la calle y de sus sueños juveniles. Cuenta
su hermana Albina Ghiso de Vegega, que Reinaldo
- desde chico - "tuvo alma de bohemio".
Su padre,
de nombre Ernesto era uruguayo y su madre, una
española nacida en Málaga, doña Concepción Ridaura.
El matrimonio tenía ya cinco hijos, cuando llegó
Reinaldo. Con él, cerraron la fábrica.
Ghiso
jamás se apartó del barrio que lo vio nacer y
conservó hasta su partida, los amigos de la infancia.
Precisamente aquellos con quienes gestó su querido
"Oeste Argentino", un club de fútbol que desafiaba
“Cuarta y Quinta” y que él inmortalizara en uno
de sus tangos. También jugó en distintas divisiones
del Club Atlético Vélez Sársfield, llegando a
integrar el equipo de segunda división, pero “una
quebradura de pierna” tronchó la esperanza que
él tenía de llegar a jugar en primera. Razones
no le faltaban para pretenderlo, pues según referencias,
fue un excelente jugador de fútbol.
Como ya
dicho, Reinaldo permaneció fiel a su barrio y
en un principio se ”conchabó” como obrero en el
entonces Mercado de Hacienda y Matadero Municipal
de Liniers, llamado así no obstante estar ubicado
sobre la calle Tellier en Mataderos. Pasó luego
a desempeñarse como empleado, hasta alcanzar un
alto puesto.
Respetaba
y cumplía su obligación laboral, pero ello nunca
le impidió seguir su camino de bohemia, ese mismo
que lo llevó a recorrer Buenos Aires con su cuaderno
de versos.
Me contaba
Sara, su esposa, la manera en que Reinaldo le
hizo saber de su interés por ella y vale contar
la anécdota porque nos pinta de cuerpo entero
a ese juglar que fue Yiso.
Ambos
vivian en el mismo barrio, a la distancia de una
cuadra y Reinaldo era muy amigo del hermano de
Sara, por lo cual frecuentaba permanentemente
su casa. Un sábado por la tarde en que él pasó
a buscar a su amigo, encontró a la dueña de sus
sueños planchando y rápido como una luz le pregunto:
¿Sara quiere conocer a mi novia?. La curiosidad
de ella desató la historia, porque tan pronto
le respondió que sí. Reinaldo se acercó y le entregó
un espejito de mano redondo, muy populares en
aquella época y ahí Sara vio reflejado su rostro.
Después vinieron las escapadas furtivas para verse
fuera de la casa y las comunes sucesivas etapas
que desembocaron en un casamiento, que trajo al
mundo a dos hijos y que solamente la muerte pudo
deshacer.
Sara Rainer
y Reinaldo Ghiso se casaron El 22 de mayo de 1943
y tuvieron dos hijos: Marta y Ricardo, a los que
Yiso nombra en su tango "Un regalo de reyes".
Según cuenta su esposa, el nombre con el cual
fue anotado en el Registro Civil su hijo varón,
respondió al deseo de la pareja de homenajear
al maestro Ricardo Tanturi. Ya veremos porque.
Hasta
aquí la historia afectiva de uno de los más prolíferos
autores de letras de tango a quien en el año 1941
Tanturi le estrena su primer título, "Por eso
canto yo"; si bien es en 1943 cuando Yiso alcanza
notoriedad con el tango "El sueño del pibe", grabado
ese año por la orquesta de Osvaldo Pugliese con
la voz de su amigo y vecino, Roberto Chanel. La
temática futbolera abordada en este tango, hace
que su letra alcance gran difusión y popularidad.
Es en "El sueño del pibe", donde el autor rememora
los propios momentos de felicidad e ilusión, vividos
durante su juventud.
Para ese
entonces Yiso, además de escribir y trabajar,
presentaba en los bailes a la orquesta de don
Osvaldo, tarea por la cual recibía una remuneración
de cinco pesos por cada noche de actuación. Fue
precisamente durante esos años cuando una tarde,
al cruzar la calle junto a Chanel y Morán, lo
atropelló un auto, provocándole serias lesiones
que lo mantuvieron postrado durante más de un
mes.
Escribió
gran cantidad de tangos de carácter descriptivos,
empleando versos sencillos, ya que muy pocas veces
recurrió a la metáfora para adornar sus temas.
La mayoría de sus letras plasmaron sentimientos
propios o extraños, como así también algunas otras,
reflejaron pasiones y controversias populares.
Tal el caso de "Bolero", tango que muestra el
enfrentamiento que en ese momento mantenían dos
géneros musicales, el tango y el bolero; en tanto
en "Bailemos", describe la angustia que siente
una pareja frente al hecho irreversible de la
separación. Todas las letras de Yiso encierran,
auténticas pinceladas de vida.
| Además de los temas
ya mencionados, sus tangos más difundidos
fueron "Un infierno", "Soñemos", "Cuatro líneas
para el cielo", "Un regalo de reyes", "El
hipo" , "Cómo le digo a la vieja", "Una carta
para Italia", "Un tango para mi vieja", "La
número cinco" , "El tango es una historia",
"Estas cosas de la vida", "La mascota del
barrio" , "Un tormento" , "El clavelito",
"Susanita" y "Un vals para mamá". Este tema
Yiso lo compuso una noche en que cuidaba a
su madre, víctima de una afección circunstancial.
En uno de sus versos el autor refleja cual
era su estado emocional en ese momento, al
decir que ese vals "Surgió una noche de esas
que más pensaba en ella". |
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Musicalizaron
sus letras, entre otros, Ricardo Tanturi, Francisco
Rotundo, Miguel Caló, Anselmo Aieta, Enrique Alessio,
Pascual Mamone, Santos Lipesker, Arturo Galluci,
Abel Aznar, Edgardo Donato, Roberto Chanel, Alberto
Morán, Roberto Rufino y Alberto Podestá, Juan
Puey, Roberto Caló, Oreste Cufaro, Ángel Cabral,
Juan Pomati, Manuel Mañueco y Erma Suárez. Varias
de las composiciones de Yiso fueron registradas
a nombre de su mujer, tal el caso de "Bien Bohemio",
tema que con música de Tití Rossi y Juan Pomati,
fue grabado por la orquesta de Francisco Rotundo
con la voz de Julio Sosa. ¿Quién no recuerda ese
verso que dice: "Estoy en Pampa y la vía como
viola en el empeño"? También, con el nombre de
Sara Reiner, registró otros tangos, entre ellos:
"Ruiseñor de Puente Alsina" y "Pifia", y con el
seudónimo de Rianco, firmó la letra de "No me
esperes esta noche", obra popularizada por la
cancionista María Graña.
A su vez,
compuso diversos valses peruanos, entre otros,
"He visto llorar a Dios", "Errante vagabundo"
y "Desagradecida". Su aporte al tango quedó reflejado
en la gran cantidad de composiciones que escribió,
sin apartarse nunca de un particular estilo de
poeta de barrio. Sus letras resumen emociones
y pasiones comunes a la sensibilidad del porteño.
Para finalizar
esta semblanza, nada mejor que evocar un verso
de su tango "Un infierno", precisamente aquél
que dice: "en tu pelo soy abrojo que pretende
ser clavel", frase que se hizo garra en la voz
de Floreal Ruiz. Según constancias obrantes en
Sadaic, Yiso registró 532 obras, de las que 143
son inéditas, 114 fueron editadas, 109 grabadas
y 166 editadas y grabadas.
¿Qué más
puedo decir de Reinaldo? Sí, algo: Con Ghiso si
bien nos separaban 15 años de edad, tuvimos el
privilegio de transitar las mismas veredas y sentir
la pasión de un “gol velezano”.
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