Aproximadamente
ese es el tiempo que tiene el autor de la letra,
para relatar una historia que compagine con la
música generada por el compositor. El poeta debe
en esos escasos minutos, concretar una trama que
comprenda planteo, desarrollo y final; cuidando
que la métrica no escape a la partitura, a la
vez que imprimirle su propio sello al escribir
los versos que el tema le inspira.
Existe
una lógica pasión por conocer el ¿Porqué? de las
letras de los tangos, pero este es un detalle
sobre el cual poco se conoce y mucho se inventa.
En este
caso no se trata de acertar con ese ¿Porqué?,
sino que intentaré encontrar los aportes que a
la historia del tango hace el autor de sus versos,
Andrés Chinarro. Del tema “El tango no tiene contra”
conozco dos grabaciones, una de Héctor Mauré con
su orquesta típica dirigida por el bandoneonísta
Alberto Cima y otra de Juan D’Arienzo con la voz
de Mario Busto.
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Como
en la mayoría de las composiciones algunas
palabras o líneas originales sufrieron cambios,
pero en este caso no adquieren mayor importancia.
Por ejemplo, según los casos, podemos escuchar
que el intérprete emplea el vocablo "musa"
en lugar de "alma" y "Callejón sin luna",
por "Callejón sin nombre", como también
algunas insignificancias más.
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Salvada
estas nimiedades vayamos al tema narrado, que
parte de la ubicación geográfica de los inicios
del tango, diciendo: “El tango es la musa de mi
Buenos Aires” y lo enmarca en la cuna de la cual
Proviene, al agregar ”andando entre guapos aprendió
a vivir”.
Los versos
se suceden y dan cuenta de como y porqué el tango
triunfó, a la vez que comienzan a incorporarse
a ellos, nombres de personajes y lugares comunes
donde el “gotán” talló.
“El tango
es un naipe que no tiene contra
es el as de triunfo para la emoción,
final de Palermo a taco y a lonja
y es un ciego curda en un bodegón.”
También nos “bate” la verdad cuanto dice:
“Tango que saltando zanjas, / por Alsina
y por Pompeya,” recorrió el largo camino
que va del suburbio al centro, mencionando
a la “Mireya”, mitad mujer, mitad mito,
que brilló en el Café de Hansen. Y no
para ahí la cosa.
Recuerda luego a quienes engalanaron
las pistas de baile con sus arrestos,
el Vasco Aín, Juanito “ y al famoso lecherito
/ que en Mataderos cayó.”
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Esta es
una de las muy pocas veces en que se menciona
dentro de la historia de la música popular, a
“El Lecherito” , bailarín de tango milonga con
corte, que junto a el “Tarila” (Giuseppe Giambuzzi)
fueron en su momento los mejores bailarines de
Villa Crespo.
“Tango,
el de rango turbio” porque negarlo, “de taquito
y media caña, / entrador pero sin mañas / como
punta de alfiler”, que como después lo hizo Mondiola
“te empilchaste con lengue / en el famoso canyengue,
/ del tano cuarenta y tres” , haciendo mención
a la milonga de rompe y raja que reinó allá por
Villa Crespo, muy cerca del Maldonado.
Así con
precisión de historiador, Andrés Chinarro mezcla
realidad con sentimientos y pretende filosofar
al decir:
“El tango
es la historia de un cacho de vida,
dolor de griseta, que perdió la fé
callejón sin luna percal y glicina
y es la barra amiga que esta en el café”.
El poeta
remata lo suyo con versos que sólo podrán entender,
los pocos que alguna vez mitigaron sus penas,
caminando por calles oscuras silbando un tango
en el aire, sintiéndose Carlos Gardel.
“El tango
es un naipe que no tiene contra
es dolor de hermano que llora un querer
farol en la noche con luz y con sombra,
que se pone triste al amanecer.”
Y nuevamente
en el final, la mención al “naipe que no tiene
contra”, como implacable introducción ritual del
azar en el destino del hombre.
José
Pedro Aresi
Abril del 2007