|
||||||||||
|
Nuestro querido amigo Ángel Yonadi nos acerca una nota de Discepolín publicada en “Cancionero”:
Hasta que sucedió lo que tenía que suceder...Es decir, lo que no tenía que suceder. Sería interminable la lista de cosas que no deben sucederle a un hombre. Desde no perder el tren hasta no hacer tonterías, cabe todo lo demás entre las cosas que no deben de suceder. A mi pobre amigo lo sucedió lo peor: conoció a otra mujer y se enamoró de ella como un cadete de tienda... Tal como la canción lo señala , "su vida sagrada y sencilla como una oración , se transformó en un bárbaro horror de problemas". Sobre todo porque él no estaba preparado para entenderlo, ni para superarlo. Y como todo lo profundamente dramático está "casi apoyado o rozando lo cómico", el problema ridículo lo señalaba su mujer, la auténtica...Porque ella--pobre ángel--ignorante de la tremenda tormenta en que el hombre se debatía , intentaba curarlo creyéndolo enfermo ...¡ Lo suponía embrujado!. Quemaba polvos y cosas raras...Le dejaba la camiseta colgada al sereno y por la madrugada le decía palabras absurdas...
Recuerdo que una vez fuí con urgencia por mi amigo . Estaba dispuesto a matarse. Hube de luchar a brazo partido para despojarlo del revólver y en ese mismo instante, mientras yo me enloquecía convenciéndolo de que su resolución era imperdonable, la pobre señora, la auténtica señora, echaba frente a la puerta de la habitación donde estábamos unas bolitas como de naftalina- ¿Que eran?...¡que se yo!... Algo que le habrían aconsejado para mejorar a su esposo...Y la verdad es que si a su esposo no lo mejoraron, a mí casi me matan. Porque después de la escena interminable que tuve con él, hasta que me entregó el revólver, salí atolondrado, no ví las bolitas...las pisé...y fuí a parar contra el piano que quedaba como a cinco metros". Enrique Santos Discépolo
|
|||||||||