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Fecha de última
actualización
28 Junio, 2008 2:04 PM
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Orígenes del Tango
Por José Pedro Aresi

Es sabido que escribir sobre los orígenes de nuestra música popular, presupone abarcar aspectos complejos muchas veces perdidos en el tiempo y que aún hoy continúan siendo investigados.

Una ecuación sencilla permite ubicar la ascendencia del tango criollo en su par afrocubano, en la milonga – no cifrada pero sí bailable –, el candombe, la habanera y muy especialmente el tango gaditano o andaluz.

Rosendo Mendizábal, Ángel Villoldo y Vicente Greco, se constituyeron – cada uno a su tiempo – en exponentes destacados de los primeros tangos argentinos. Algo después, músicos como Eduardo Arolas, Agustín Bardi y Roberto Firpo , por citar a algunos, fueron modelando un tango algo más evolucionado, menos tajante y a ellos los siguieron otros que como Juan Carlos Cobián y Julio De Caro lo tornaron más melodioso. Al mencionar este carácter, cabe repetir lo dicho por el maestro José Gobello, refiriéndose en particular a Julio De Caro, “él logro enriquecer la melodía del tango”. Muy pronto se sumaron a esta corriente dos importantes compositores y ejecutantes del bandoneón :
Pedro Maffia y Pedro Laurenz.

Se podría continuar haciendo nombres, ya que el caudal de artistas argentinos volcados al tango es muy rico, pero de lo que aquí se trata es solamente brindar una síntesis, precursara de posteriores trabajos particularizados. Consideremos entonces a esta nota como “el arranque”.

A mediados de la “década del treinta”, luego del embate del foxtrot, del shimmy y del charleston, los milongueros añoraban los tiempos que precedieron a Cobián, aparece en escena Juan D’Arienzo e impone con éxito un estilo que devolvió al tango el compás rápido del 2 x 4 de los primeros tangos. Cierta vez dijo Juan D’Arienzo : “A mi modo de ver el tango es, ante todo, ritmo, nervio, fuerza y carácter” ; concepto este que nunca traicionó.

Llega luego la llamada “década del cuarenta”, que si bien se inició unos pocos años antes, madura y alcanza su apogeo durante su transcurso. Comienza entonces la incorporación de los “arreglos” a las partituras originales, lográndose así que cada director pueda imprimir su “sello musical” a la formación típica que dirige.

Sin llegar a apurar en demasía el compás, tal cual lo había hecho D’Arienzo, se incorporaron al firmamento del tango, nuevos jóvenes directores que conformaron orquestas sonoras y de bien marcado compás. También se introduce en ese momento en las orquestas al cantor , como un elemento musical más de la misma.

Así Ricardo Tanturi, Miguel Caló, Alfredo Gobbi, Ángel D’Agostino, Carlos Di Sarli, Alfredo De Angelis. Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, proyectaron sus gustos interpretativos a la consideración popular. De estas orquestas se desprendieron luego


ejecutantes de gran valor que formaron sus propias organizaciones musicales, tal el caso de Francini – Pontier, Pepe Basso, Domingo Federico, Osmar Maderna y algunos otro más.

La década del cuarenta se extiende hasta los años del cincuenta y en su reinado la música popular brilla en cafés, confiterías, salones de bailes, “cabarets” y clubes de barrio, algunos de ellos con mucho calor y sabor a fútbol.

La invasión de nuevos ritmos bailables, la aparición de desconocidos astros forjados por la televisión y el interés de las radios, las compañías cinematográficas y discográficas por difundirlos, motivó el retroceso del tango.

Para entonces, los milongueros de siempre y sus agraciadas compañeras de baile ya se habían convertido en padres y madres que priorizaban la atención de sus hogares al baile; en tanto que la juventud, carente de otros ejemplos, es avasallada por un moderno y “fabricado” modelo musical que los alejó del tango.

Pero como siempre, el tango renace una vez más y hoy ha ganado nuevamente el terreno perdido, gracias – esta vez - a su valorización en el orden internacional como música sensual, enigmática y sentida.

En esta somera revista del origen y evolución del tango argentino, no es posible dejar de mencionar a su última figura evolutiva y “responsable” de su novísima difusión en el exterior: Astor Piazzolla, acerca de quien José Gobello escribió: “De su obra pueden decirse muchas cosas, buenas o malas, pero lo que no puede negársele es su coherencia. Astor comenzó a apartarse de la tradicional música típica para componer obras que reflejan su gusto personal.”

Indiscutiblemente la música elaborada por Piazzolla caló en una juventud que mayoritariamente desconocía el “abc” del tango tradicional, pero que necesitaba refugiarse en un presente, sin tener en cuenta las raíces del pasado, a las que sin embargo, este nuevo proyecto los ayudó a reencontrar.

Gracias a las bondades de nuestra música, hoy conviven y se mezclan las dos vertientes; aquella que considera la obra de Piazzolla como una evolución del tango hacía lo moderno y la otra – “de tangueros chapados a la antigua” - que prefieren considerarla como una locura del “enfant terrible” surgido del riñón mismo del tango tradicional.

José Pedro Aresi
Diciembre de 2005

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