|
“El
fueye, sin arrugar
y sin quejas, dijo al Tano:
"Lo imaginé desde el vamos:
cantando vas a triunfar"
Tino Diez
|
No es fácil
evocar la figura de alguien como Francisco Fiorentino,
sobre quien ya muchos hablaron y escribieron.
Que se puede aportar de nuevo al paso por este
mundo del querido “Fiore”, nada o casi nada. Resta
quizás poder resaltar su figura desde el punto
de vista personal, que lógicamente no puede ser
igual a ninguna otra y eso es lo que pretendo
hacer, sin saber si podré lograrlo.
|
Su voz pequeña, “afiatada”
y plenamente sincronizada con la partitura
musical, es lo que nos permite gozar al
escucharlo. Se abre así, un cálido universo
de pintura intimista expresado sin alardes,
con total simpleza.
Su etapa como vocalista
de la orquesta de Aníbal Troilo, fue el
punto culminante de su carrera. “Fiore”
se incorpora en 1937 a esa formación, como
consecuencia de una situación forzada por
la diosa casualidad, ya que lo hace ante
la
|
negativa
de sumarse a ella de parte de Antonio Rodríguez
Lesende, que prefirió la tranquilidad de sus actuaciones
en Radio El Mundo, que las noches inquietas del
“Marabú”.
Vale entonces
adentrarse en el ensueño de una nostálgica “Garúa”,
que adquiere ribetes especiales en la voz de Fiorentino
o bien en el sutil acento con que canta en “De
barro”, los versos que subrayan:
“Vuelven
tus ojos lejanos / con el llanto de aquel día.
/ Pensar que puse en tus manos / una culpa que
era mía”.
Y ....
¿Qué puedo agregar yo? , cuando siguiendo la línea
interpretativa de siempre, confiesa en “Tabaco”:
Están
mis ojos cerrados
por el terror del silencio;
mi corazón, desgarrado
porque no me he perdonado
todo el mal que te causé”.
|
“Fiore” aunó
su buen gusto al del divino Gordo Troilo
y juntos llevaron al disco páginas de
alto valor cultural, las mismas que aún
hoy se sostienen en el cantar del hombre
de la calle. Composiciones tales como “Malena”,
“No te apures Carablanca”, “Fueye”, “Tabernero”
o “Toda mi vida”, que colman la dicha
que se agiganta cuando escuchamos su
voz en ”Barrio de Tango”, “Tinta roja” y
“Total pa que sirvo”, dejando para luego
envolver con todo su ser porteño, las
“Tristezas de la calle Corrientes” y
la realidad de “Yo soy el tango”:
|

Fiore-Pichuco
|
Escuchen
mi compás
¿No ven
que soy gotán?
Me quiebro
en mi canción
como un puñal de acero
pa' cantar una traición.
Me gusta compadrear,
soy reo pa' bailar,
escuchen mi compás:
Yo soy el viejo tango
que nació en el arrabal.
Con su
extrema ductilidad musical, nos pasea por la milonga
en “Papá Baltasar” y por el vals en
“Temblando”, para retomar y redoblar su parada
en “Suerte loca”, donde dice con tono desafiante:
“Al saber le llaman suerte..! / Yo aprendí
viendo trampearme, / y ahora sólo han de coparme
/ cuando banquen con la Muerte.”
A la distancia
es imposible no recordar su antológico dúo con
Amadeo Mandarino, al interpretar en la orquesta
de Troilo, el tango “Pájaro ciego”; como
tampoco olvidar su gran éxito del año 1941, cuando
nos regaló el misterio de su voz volcado en los
versos de “El bulín de la calle Ayacucho”,
que luego repitió en la orquesta de José Basso.
Tan pronto
se desvinculó de Troilo grabó con su orquesta
dirigida por Astor Piazzola, el tango “Corrientes
y Esmeralda” que si bien lo había registrado anteriormente
con “Pichuco”, problemas circunstanciales motivaron
que esa placa no se editara.
Esquina
porteña, tu rante canguela
se hace una melange de caña, gin fitz,
pase inglés y monte, bacará y quiniela,
curdelas de grappa y locas de pris.
|
Dice Matías Bauso en la semblanza que escribiera
sobre Anibl Troilo para la revista “Todo
es Historia” ,que “Francisco Fiorentino
, apenas fue contratado, asumió dos roles
fundamentales en la orquesta: era el cantor
y además, por su pasado de sastre, debió
conseguir los trajes para todos los músicos.
A razón de 15 pesos mensuales , la Orquesta
Típica “Pichuco” iniciaba su histórico derroteo
vestidos a medida. “Fiorentino fue el hombre
que nos enseñó a subir a un escenario. A
mostrar al público una sonrisa cordial.
Recuerdo
|
como se
preocupaba para que saliéramos peinados y bien
jailaifes ante la mirada de nuestros admiradores...”
contó Troilo años después.”
Pero volvamos
al canto. “Fiore”, dueño de una prodigiosa versatilidad
vocal e interpretativa, siempre manejó los tiempos
a la perfección. “Sin llorar”, ensambló su voz
con la melodía para transmitir a los versos, el
necesario dramatismo que ellos requerían para
ser efectivos, tal cual se puede comprobar al
escucharlo cantar “Viejo ciego”.
Con un
lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.
El día
en que se apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del callejón,
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en las almas simples un poco de emoción.
El amigo
Tino Diez da cuenta, en un excelente trabajo biográfico
sobre el cantor, que Fiorentino también actuó
en cine, participando del elenco de la película
“Viejo barrio” dirigida por Isidoro Navarro y
que según pude averiguar, se estrenó el 18 de
febrero de 1937.
Además,
en la citada nota biográfica, Tino nos cuenta
una esperanza desgraciadamente incumplida de “Fiore”,
quien en 1955, días antes de partir para la que
sería su última gira, comentó: "A la vuelta
de la gira tengo prometido un laburo que, si se
me hace, es lo mejor que me puede pasar: el gordo
Pichuco me va a hacer grabar con el cuarteto Troilo-Grela
¿No es una maravilla?".
Fiorentino
nació el 23 de septiembre de 1905 en el barrio
de San Telmo y el 11 de septiembre de 1955 se
durmió para siempre en Mendoza. Esa “Suerte loca”
a la cual él “desafió”, no lo dejó cumplir sus
50 años.
Cuenta
su compañero de rubro en la orquesta de Pepe Basso,
Oscar Ferrari, que el espectáculo en los clubs
los cerraba Fiorentino, razón por la cual él,
ya sentado en el ómnibus del regreso, “escuchaba
aquella voz desde el altoparlante y los aplausos
y gritos del público que enronquecía gritando
¡Otra!. ¡Bien Tano! ¡Fiore viejo y peludo no más!
, era entonces cuando Malena cantaba como ninguna,
el Cuarteador de Barracas cruzaba todos los baches
del mundo y aquel viejo ciego podía habernos matado
con la tristeza de su violín.”... “Yo no me
acomplejaba ni sufría – recuerda Ferrari - , era
consciente que estaba ante un patriarca y era
feliz tan solo con la gloria de estar a su lado.”
Al morir
al alba, “el final” de Francisco Fiorentino se
confundió con su normal rutina y por eso todavía
hoy lo siento caminar la calle Corriente a nuestro
lado y disfruto al verlo sonreír frente a hombres
con aros y vestido unisex que al pasar, lo saludan.
.
José
Pedro Aresi
Noviembre de 2006
<<<VOLVER