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No es fácil evocar la figura de alguien como Francisco Fiorentino, sobre quien ya muchos hablaron y escribieron. Que se puede aportar de nuevo al paso por este mundo del querido “Fiore”, nada o casi nada. Resta quizás poder resaltar su figura desde el punto de vista personal, que lógicamente no puede ser igual a ninguna otra y eso es lo que pretendo hacer, sin saber si podré lograrlo.
negativa de sumarse a ella de parte de Antonio Rodríguez Lesende, que prefirió la tranquilidad de sus actuaciones en Radio El Mundo, que las noches inquietas del “Marabú”. Vale entonces adentrarse en el ensueño de una nostálgica “Garúa”, que adquiere ribetes especiales en la voz de Fiorentino o bien en el sutil acento con que canta en “De barro”, los versos que subrayan: “Vuelven tus ojos lejanos / con el llanto de aquel día. / Pensar que puse en tus manos / una culpa que era mía”. Y .... ¿Qué puedo agregar yo? , cuando siguiendo la línea interpretativa de siempre, confiesa en “Tabaco”: Están
mis ojos cerrados
Escuchen mi compás ¿No ven que soy gotán? Me quiebro
en mi canción Con su extrema ductilidad musical, nos pasea por la milonga en “Papá Baltasar” y por el vals en “Temblando”, para retomar y redoblar su parada en “Suerte loca”, donde dice con tono desafiante: “Al saber le llaman suerte..! / Yo aprendí viendo trampearme, / y ahora sólo han de coparme / cuando banquen con la Muerte.” A la distancia es imposible no recordar su antológico dúo con Amadeo Mandarino, al interpretar en la orquesta de Troilo, el tango “Pájaro ciego”; como tampoco olvidar su gran éxito del año 1941, cuando nos regaló el misterio de su voz volcado en los versos de “El bulín de la calle Ayacucho”, que luego repitió en la orquesta de José Basso. Tan pronto se desvinculó de Troilo grabó con su orquesta dirigida por Astor Piazzola, el tango “Corrientes y Esmeralda” que si bien lo había registrado anteriormente con “Pichuco”, problemas circunstanciales motivaron que esa placa no se editara. Esquina
porteña, tu rante canguela
como se preocupaba para que saliéramos peinados y bien jailaifes ante la mirada de nuestros admiradores...” contó Troilo años después.” Pero volvamos al canto. “Fiore”, dueño de una prodigiosa versatilidad vocal e interpretativa, siempre manejó los tiempos a la perfección. “Sin llorar”, ensambló su voz con la melodía para transmitir a los versos, el necesario dramatismo que ellos requerían para ser efectivos, tal cual se puede comprobar al escucharlo cantar “Viejo ciego”. Con un
lazarillo llegás por las noches El día
en que se apaguen tus tangos quejumbrosos El amigo Tino Diez da cuenta, en un excelente trabajo biográfico sobre el cantor, que Fiorentino también actuó en cine, participando del elenco de la película “Viejo barrio” dirigida por Isidoro Navarro y que según pude averiguar, se estrenó el 18 de febrero de 1937. Además, en la citada nota biográfica, Tino nos cuenta una esperanza desgraciadamente incumplida de “Fiore”, quien en 1955, días antes de partir para la que sería su última gira, comentó: "A la vuelta de la gira tengo prometido un laburo que, si se me hace, es lo mejor que me puede pasar: el gordo Pichuco me va a hacer grabar con el cuarteto Troilo-Grela ¿No es una maravilla?". Fiorentino nació el 23 de septiembre de 1905 en el barrio de San Telmo y el 11 de septiembre de 1955 se durmió para siempre en Mendoza. Esa “Suerte loca” a la cual él “desafió”, no lo dejó cumplir sus 50 años. Cuenta su compañero de rubro en la orquesta de Pepe Basso, Oscar Ferrari, que el espectáculo en los clubs los cerraba Fiorentino, razón por la cual él, ya sentado en el ómnibus del regreso, “escuchaba aquella voz desde el altoparlante y los aplausos y gritos del público que enronquecía gritando ¡Otra!. ¡Bien Tano! ¡Fiore viejo y peludo no más! , era entonces cuando Malena cantaba como ninguna, el Cuarteador de Barracas cruzaba todos los baches del mundo y aquel viejo ciego podía habernos matado con la tristeza de su violín.”... “Yo no me acomplejaba ni sufría – recuerda Ferrari - , era consciente que estaba ante un patriarca y era feliz tan solo con la gloria de estar a su lado.” Al morir al alba, “el final” de Francisco Fiorentino se confundió con su normal rutina y por eso todavía hoy lo siento caminar la calle Corriente a nuestro lado y disfruto al verlo sonreír frente a hombres con aros y vestido unisex que al pasar, lo saludan. .
José
Pedro Aresi
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