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28 Junio, 2008 2:04 PM

 

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Francisco Fiorentino
Por José Pedro Aresi
“El fueye, sin arrugar
y sin quejas, dijo al Tano:
"Lo imaginé desde el vamos:
cantando vas a triunfar"

Tino Diez

No es fácil evocar la figura de alguien como Francisco Fiorentino, sobre quien ya muchos hablaron y escribieron. Que se puede aportar de nuevo al paso por este mundo del querido “Fiore”, nada o casi nada. Resta quizás poder resaltar su figura desde el punto de vista personal, que lógicamente no puede ser igual a ninguna otra y eso es lo que pretendo hacer, sin saber si podré lograrlo.

Su voz pequeña, “afiatada” y plenamente sincronizada con la partitura musical, es lo que nos permite gozar al escucharlo. Se abre así, un cálido universo de pintura intimista expresado sin alardes, con total simpleza.

Su etapa como vocalista de la orquesta de Aníbal Troilo, fue el punto culminante de su carrera. “Fiore” se incorpora en 1937 a esa formación, como consecuencia de una situación forzada por la diosa casualidad, ya que lo hace ante la

negativa de sumarse a ella de parte de Antonio Rodríguez Lesende, que prefirió la tranquilidad de sus actuaciones en Radio El Mundo, que las noches inquietas del “Marabú”.

Vale entonces adentrarse en el ensueño de una nostálgica “Garúa”, que adquiere ribetes especiales en la voz de Fiorentino o bien en el sutil acento con que canta en “De barro”, los versos que subrayan:

“Vuelven tus ojos lejanos / con el llanto de aquel día. / Pensar que puse en tus manos / una culpa que era mía”.

Y .... ¿Qué puedo agregar yo? , cuando siguiendo la línea interpretativa de siempre, confiesa en “Tabaco”:

Están mis ojos cerrados
por el terror del silencio;
mi corazón, desgarrado
porque no me he perdonado
todo el mal que te causé”.

“Fiore” aunó su buen gusto al del divino Gordo Troilo y juntos llevaron al disco páginas de alto valor cultural, las mismas que aún hoy se sostienen en el cantar del hombre de la calle. Composiciones tales como “Malena”, “No te apures Carablanca”, “Fueye”, “Tabernero” o “Toda mi vida”, que colman la dicha que se agiganta cuando escuchamos su voz en ”Barrio de Tango”, “Tinta roja” y “Total pa que sirvo”, dejando para luego envolver con todo su ser porteño, las “Tristezas de la calle Corrientes” y la realidad de “Yo soy el tango”:


Fiore-Pichuco

Escuchen mi compás

¿No ven que soy gotán?

Me quiebro en mi canción
como un puñal de acero
pa' cantar una traición.
Me gusta compadrear,
soy reo pa' bailar,
escuchen mi compás:
Yo soy el viejo tango
que nació en el arrabal.

Con su extrema ductilidad musical, nos pasea por la milonga en “Papá Baltasar” y por el vals en “Temblando”, para retomar y redoblar su parada en “Suerte loca”, donde dice con tono desafiante: “Al saber le llaman suerte..! / Yo aprendí viendo trampearme, / y ahora sólo han de coparme / cuando banquen con la Muerte.”

A la distancia es imposible no recordar su antológico dúo con Amadeo Mandarino, al interpretar en la orquesta de Troilo, el tango “Pájaro ciego”; como tampoco olvidar su gran éxito del año 1941, cuando nos regaló el misterio de su voz volcado en los versos de “El bulín de la calle Ayacucho”, que luego repitió en la orquesta de José Basso.

Tan pronto se desvinculó de Troilo grabó con su orquesta dirigida por Astor Piazzola, el tango “Corrientes y Esmeralda” que si bien lo había registrado anteriormente con “Pichuco”, problemas circunstanciales motivaron que esa placa no se editara.

Esquina porteña, tu rante canguela
se hace una melange de caña, gin fitz,
pase inglés y monte, bacará y quiniela,
curdelas de grappa y locas de pris.

Dice Matías Bauso en la semblanza que escribiera sobre Anibl Troilo para la revista “Todo es Historia” ,que “Francisco Fiorentino , apenas fue contratado, asumió dos roles fundamentales en la orquesta: era el cantor y además, por su pasado de sastre, debió conseguir los trajes para todos los músicos. A razón de 15 pesos mensuales , la Orquesta Típica “Pichuco” iniciaba su histórico derroteo vestidos a medida. “Fiorentino fue el hombre que nos enseñó a subir a un escenario. A mostrar al público una sonrisa cordial. Recuerdo

como se preocupaba para que saliéramos peinados y bien jailaifes ante la mirada de nuestros admiradores...” contó Troilo años después.”

Pero volvamos al canto. “Fiore”, dueño de una prodigiosa versatilidad vocal e interpretativa, siempre manejó los tiempos a la perfección. “Sin llorar”, ensambló su voz con la melodía para transmitir a los versos, el necesario dramatismo que ellos requerían para ser efectivos, tal cual se puede comprobar al escucharlo cantar “Viejo ciego”.

Con un lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.

El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del callejón,
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en las almas simples un poco de emoción.

El amigo Tino Diez da cuenta, en un excelente trabajo biográfico sobre el cantor, que Fiorentino también actuó en cine, participando del elenco de la película “Viejo barrio” dirigida por Isidoro Navarro y que según pude averiguar, se estrenó el 18 de febrero de 1937.

Además, en la citada nota biográfica, Tino nos cuenta una esperanza desgraciadamente incumplida de “Fiore”, quien en 1955, días antes de partir para la que sería su última gira, comentó: "A la vuelta de la gira tengo prometido un laburo que, si se me hace, es lo mejor que me puede pasar: el gordo Pichuco me va a hacer grabar con el cuarteto Troilo-Grela ¿No es una maravilla?".

Fiorentino nació el 23 de septiembre de 1905 en el barrio de San Telmo y el 11 de septiembre de 1955 se durmió para siempre en Mendoza. Esa “Suerte loca” a la cual él “desafió”, no lo dejó cumplir sus 50 años.

Cuenta su compañero de rubro en la orquesta de Pepe Basso, Oscar Ferrari, que el espectáculo en los clubs los cerraba Fiorentino, razón por la cual él, ya sentado en el ómnibus del regreso, “escuchaba aquella voz desde el altoparlante y los aplausos y gritos del público que enronquecía gritando ¡Otra!. ¡Bien Tano! ¡Fiore viejo y peludo no más! , era entonces cuando Malena cantaba como ninguna, el Cuarteador de Barracas cruzaba todos los baches del mundo y aquel viejo ciego podía habernos matado con la tristeza de su violín.”... “Yo no me acomplejaba ni sufría – recuerda Ferrari - , era consciente que estaba ante un patriarca y era feliz tan solo con la gloria de estar a su lado.”

Al morir al alba, “el final” de Francisco Fiorentino se confundió con su normal rutina y por eso todavía hoy lo siento caminar la calle Corriente a nuestro lado y disfruto al verlo sonreír frente a hombres con aros y vestido unisex que al pasar, lo saludan. .

 

José Pedro Aresi
Noviembre de 2006

 

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