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Fecha de última
actualización
28 Junio, 2008 2:03 PM
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El Glostora Tango Club
Por José Pedro Aresi

Escucho en el “Winco” del recuerdo la voz de Enrique Campos que dice “Buenos Aires del cuarenta, si te dejaran volver ..” y afloran en mí, evocaciones que son jirones de un ayer transitado sobre veredas de barrio, con grises cordones y zanjas que irradiaban “olor a yuyo”; cuando a la ciudad no la había transformado el modernismo y los baldíos sabían a pelotas acariciadas por zapatillas “Pampero” de goma y las humildes alpargatas negras.

Tiempos en que el sonido de la radio ganaba la calle a través de ventanas y balcones con flores o de una enredadera de campanillas colgando de alambrados oxidados. Baldosas y ladrillos, asfalto y tierra, del “puente” de madera sobre el Maldonado, de luces y sombras plenas de goces juveniles, de esperanzas, de sueños y del andar pausado del que regresaba a casa del trabajo; en tanto allá lejos, otros muchos colmaban un “trocen” pleno de luces, que olía a suburbio.

Para entonces la pasión por el Tango había ganado la calle, las confiterías, los salones y los club de barrio. Todo era Tango y así los ejecutivos de las “radios” buscaban atraer a la audiencia con programas que contenía la música de Buenos Aires.

Durante el año 1945 L.R.3 Radio Belgrano, dispuesta siempre a dar batalla para superar la supremacía de “El Mundo”, lanzó con el auspicio de la Compañía Argentina Sydney Ross S.A. un programa bajo el título de “La voz triunfadora en el Cancionero Glostora : Alberto Castillo”, que se irradiaba los días martes y jueves a las 21.30 horas y en el que se incluía un espacio dedicado al deporte que llevaba por nombre “El deportivo para la juventud triunfadora con el comentarista Enzo
Ardigó”. Era ya evidente el propósito de los patrocinantes del programa, de apuntar a la conquista de un nicho de mercado, constituido por gente joven de ambos sexos, para el “fijador Glostora” , aprovechando el arraigo del Tango en la juventud de la época. .

Se vivía para entonces – sin saberlo - la cercanía de un “suceso” que muy pronto debía llegar para instalarse por muchos años, en los hogares argentinos y de países hermanos.

Lamentablemente la necedad de algunos nos privan hoy de poder hurgar archivos y poder así bucear con mayor exactitud, ese tiempo de Tango y poesía.

Sin embargo, apoyado en una memoria nostálgica que no me abandona, me atrevo a incursionar en esta evocación.

En el diario “El Mundo” del lunes 1º de abril de 1946 puede leerse un importante aviso publicitario que da cuenta de la presentación, a las 20 horas de ese día , del maestro Alfredo D’Angelis y sus cantores
Carlos Dante y Julio Martel en un nuevo programa : El “Glostora Tango Club “, dedicado “a la juventud triunfadora” , un espacio de 15 minutos en el cual “El fijador del gran mundo al alcance de todo el mundo”, presentaba a su “Astro exclusivo para la radiofonía argentina”. Una audición dedicada a la gente joven, la que en ese tiempo no se quedaba mirando pasar la vida sino que -por el contrario- se zambullía y comprometía con la realidad que Dios le ofrecía disfrutar.

Para mejor ubicarnos en el tiempo aquel, conviene recordar que ese mismo día las noticias periodísticas daban cuenta de la reaparición en el Palacio del Baile de Parque Retiro, de la orquesta de Pedro Maffia y en la cale Lavalle 892 se reabría la Confiteria Nobel con la actuación de las orquestas de Alfredo D’Angelis y de Héctor Lagnafietta, con la participación además en carácter de invitados, de Ricardo Tanturi, Osvaldo Donato, Roberto Quiroga, Barry Moral, la Hawaiian California y el poeta Héctor Gagliardi.

Pensar que todo esto sucedía un día lunes en solamente dos reductos nocturnos, lo cual permite suponer sin errarle, de las extraordinarias maratones de música, baile y algo más, que poblaban la noche porteña de entonces.

Pero volvamos al 1ª de abril de 1946 y recordemos la programación que L.R.1 Radio “El Mundo” nos regaló ese día , en los momentos previos al esperado debut del “Glostora Tango Club”.

Después del “noticioso” de las seis de la tarde, Raúl Galván entonó canciones melódicas y a continuación don Atahualpa Yupanqui nos deleitó con “música del altiplano”. Luego actuaron Washington Bertolín y su ritmo sincopado y Bina Butti cantando canciones napolitanas. Le siguieron noticias de automovilismo, Alberto Rodríguez en “Bailes criollos”. y Ortega del Cerro en “Canción de Barrio”. Otra vez noticias, seguidaa de boleros en la voz de Gladys Marvel y a las 19.45 horas el inefable “Peter Fox lo sabía”, radiante preludio de lo que llegaría poco minutos después.

Se escuchó entonces el ansiado “top” de las 20 horas y como estaba previsto, se alzó el imaginario telón del micro de 15 minutos que sería por años, el más popular éxito de la radio. Las voces de Rafael Díaz Gallardo y Lucía Marcó anunciaron el “Glostora Tango Club”, “la cita obligada de la juventud triunfadora”, con la participación de la orquesta de Alfredo De Angelis y sus cantores Carlos Dante y Julio Martel. Según un tanguero memorioso, Juan Carlos Jusem, la primera interpretación de la orquesta, con la voz de Carlos Dante, fue el tango “Carnaval” de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez.

¿Sos vos, pebeta? ¿Sos vos? ¿Cómo te va?
¿Estás de baile? ¿Con quién? ¡Con un bacán!
¡Tan bien vestida, das el golpe!...
Te lo digo de verdad.



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Habida cuenta que para ese entonces transitábamos tiempos donde el lunfardo estaba prohibido, seguramente Carlos Dante debió cambiar “pebeta” por “muchacha” y “bacán” por “galán”, pero eso en nada enturbió la emoción de su voz.

Así nació por L.R.1 “Radio El Mundo” y la “Cadena Azul y Blanca” un programa de tangos, que goza hasta hoy del mito de su excelencia junto al calor popular. El “Glosotra Tango Club” es un
referente indiscutido y una bisagra en el tiempo que nos marcó para siempre, a quienes tuvimos la dicha de ser activos testigos de la preeminencia de la canción ciudadana sobre cualquier otra expresión. Imperturbable, prosiguió por años el éxito del “Glostora Tango Club” y “en el tiempo”, ese nombre y el del maestro De Angelis se convirtieron en sinónimo de Tango.

Transcurrieron muchos “abriles” durante los que el “Colorado de Banfield” y sus cantores Carlos Dante, Julio Martel y luego en el año 1951, Oscar Larroca, constituyeron la razón del éxito del popular micro de las 20 horas, que se irradiaba por Radio “El Mundo”, desde su “salón auditorio” de Maipú 555, Capital Federal.

En algunas oportunidades las actuaciones de Alfredo De Angelis, requerido por distintos compromisos en el exterior, se alternaron con la de otros conjuntos, pero él siempre volvería al “Glostora Tango Club” para reeditar la mística de los años que lo tuvieron como protagonista exclusivo. En sus continuos regresos, se fueron incorporando a la orquesta, las voces de Juan Carlos Godoy, Roberto “Chocho” Florio, Lalo Martel, Roberto Mancini, Carlos Aguirre y Alberto Cuello, manteniendo sus interpretaciones la invariable calidez interpretativa que siempre caracterizó a la agrupación del autor de “El Taladro” e inigualable intérprete del tango de Anselmo Aieta, “Pavadita”.

Varias fueron las orquestas típicas que se alternaron a partir del año 1951 en el “Glostora Tango Club”, todas de primer nivel y entre las que puedo recordar a las de Francisco Canaro, Ricardo Tanturi - Miguel Caló, Juan Sánchez Gorio, Juan D’Arienzo, Héctor Varela, José Basso, Armando Pontier, Alfredo Gobbi, Enrique Mario Francini, Osvaldo Pugliese, Rodolfo Biagi, Florindo Sassone, Donato Racciatti y Jorge Ardhu , único sobreviviente de ese cielo de estrellas y que hoy, desde su Córdoba natal, recuerda que su última interpretación en ese tradicional espacio, allá por el año 1964, fue el tango de Gerardo Matos Rodríguez, “La cumparsota”.

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Como ya dicho, la trayectoria del “Glostora Tango Club” marcó un hito en la radiofonía argentina y sirve aún hoy como punto de referencia de una época en la cual se lo asocia a “Que pareja” con Héctor Maselli y Blanquita Santos (“La pareja Rinsoberbia”), a “Peter Fox lo sabía” con José Tresenza y a “Los Pérez García” de Martín Zabalúa, Sara Prósperi, Celia Juárez y Jorge Norton. Todos estos fueron los títulos más conocidos que coexistieron con el “Glostora Tango Club” en el horario de 19.30 a 20.30 , cuando la radiotelefonía argentina se vestía de gala en LR 1 Radio El Mundo.

Transcurrieron así veintidós años de permanencia en el éter, como se decía entonces, en los que el maestro Alfredo De Angelis fue el “cadenero” de una página de la historia del Tango, a la cual también aportaron sus grandes méritos otras reconocidas figuras de nuestra música popular..

El paso del tiempo y el auge de la televisión fueron relegando a la radio. El Tango sufrió entonces el embate de nuevos ritmos que sonaban extraños para aquella “juventud triunfadora”, de otros tiempos. La fuerza del “marketing” hizo que esa música menos sensible al oído de los tangueros, ganara espacios en la pantalla chica y en los espectáculos masivos que reemplazaron a los tradicionales bailes con orquestas de los clubes de barrio.

Como una luz que se apaga lentamente, casi al finalizar la década del sesenta, el “Glostora Tango Club” se perdió para siempre e ingresó en la zona gris de los recuerdos. Así se fue, recostado en el viejo paredón del barrio sur, en busca del “primer rayo del día”, cual “Rosicler” que se agiganta en la voz de Julio Martel y nos dice :

La vida es este río
que me arrastra en su corriente
blando y yacente, lívida imagen,
de vuelta ya de todos los nostálgicos paisajes, muerta la fe, marchita la ilusión.

Atrás quedaron para siempre tantos agradables momentos vividos al amparo de ese “Glostora Tango Club” al que tanto quiso el maestro Alfredo De Angelis y al cual regresó cuantas veces fue requerido, para reafirmar la cálida comunión
alcanzada entre el artista y el producto que atrajo a “la juventud triunfadora” de entonces.

Nostalgias de barrio perdido, aquel en que flotaba el tango y sus sones se esparcían sobre las sombras, se enredaban con la ronda del botón e iba a dormir su sueño de amor en la vieja calesita.

Para finalizar nada mejor que evocar a Homero Manzi, el gran poeta de los barrios porteños, con estos versos de Cátulo Castillo y decir con nostalgia no contenida:

“ Fueron años de cercos y glicinas,
de la vida en orsay, del tiempo loco.”


José Pedro Aresi
Julio 2004

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