|
Escucho en el “Winco” del recuerdo la voz
de Enrique Campos que dice “Buenos Aires
del cuarenta, si te dejaran volver ..” y
afloran en mí, evocaciones que son jirones
de un ayer transitado sobre veredas de barrio,
con grises cordones y zanjas que irradiaban
“olor a yuyo”; cuando a la ciudad no la
había transformado el modernismo y los baldíos
sabían a pelotas acariciadas por zapatillas
“Pampero” de goma y las humildes alpargatas
negras.
Tiempos en que el sonido de la radio ganaba
la calle a través de ventanas y balcones
con flores o de una enredadera de campanillas
colgando de alambrados oxidados. Baldosas
y ladrillos, asfalto y tierra, del “puente”
de madera sobre el Maldonado, de luces y
sombras plenas de goces juveniles, de esperanzas,
de sueños y del andar pausado del que regresaba
a casa del trabajo; en tanto allá lejos,
otros muchos colmaban un “trocen” pleno
de luces, que olía a suburbio.
Para entonces la pasión por el Tango había
ganado la calle, las confiterías, los salones
y los club de barrio. Todo era Tango
y así los ejecutivos de las “radios” buscaban
atraer a la audiencia con programas que
contenía la música de Buenos Aires.
 |
Durante
el año 1945 L.R.3 Radio Belgrano, dispuesta
siempre a dar batalla para superar la
supremacía de “El Mundo”, lanzó con
el auspicio de la Compañía Argentina
Sydney Ross S.A. un programa bajo el
título de “La voz triunfadora en
el Cancionero Glostora : Alberto Castillo”,
que se irradiaba los días martes
y jueves a las 21.30 horas y en el que
se incluía un espacio dedicado al deporte
que llevaba por nombre “El deportivo
para la juventud triunfadora con el
comentarista Enzo |
| Ardigó”.
Era ya evidente el propósito de los
patrocinantes del programa, de apuntar
a la conquista de un nicho de mercado,
constituido por gente joven de ambos
sexos, para el “fijador Glostora” ,
aprovechando el arraigo del Tango en
la juventud de la época. . |
Se vivía para entonces – sin saberlo -
la cercanía de un “suceso” que muy pronto
debía llegar para instalarse por muchos
años, en los hogares argentinos y de países
hermanos.
Lamentablemente la necedad de algunos nos
privan hoy de poder hurgar archivos y poder
así bucear con mayor exactitud, ese tiempo
de Tango y poesía.
Sin embargo, apoyado en una memoria nostálgica
que no me abandona, me atrevo a incursionar
en esta evocación.
| En
el diario “El Mundo” del lunes
1º de abril de 1946 puede leerse
un importante aviso publicitario que
da cuenta de la presentación, a las
20 horas de ese día , del maestro Alfredo
D’Angelis y sus cantores |
|
|
Carlos Dante y Julio Martel en
un nuevo programa : El “Glostora
Tango Club “, dedicado “a la
juventud triunfadora” , un espacio
de 15 minutos en el cual “El fijador
del gran mundo al alcance de todo el
mundo”, presentaba a su “Astro exclusivo
para la radiofonía argentina”. Una
audición dedicada a la gente joven,
la que en ese tiempo no se quedaba mirando
pasar la vida sino que -por el contrario-
se zambullía y comprometía con la realidad
que Dios le ofrecía disfrutar. |
Para mejor ubicarnos en el tiempo aquel,
conviene recordar que ese mismo día las
noticias periodísticas daban cuenta de la
reaparición en el Palacio del Baile de Parque
Retiro, de la orquesta de Pedro Maffia y
en la cale Lavalle 892 se reabría la Confiteria
Nobel con la actuación de las orquestas
de Alfredo D’Angelis y de Héctor Lagnafietta,
con la participación además en carácter
de invitados, de Ricardo Tanturi, Osvaldo
Donato, Roberto Quiroga, Barry Moral, la
Hawaiian California y el poeta Héctor Gagliardi.
Pensar que todo esto sucedía un día lunes
en solamente dos reductos nocturnos, lo
cual permite suponer sin errarle, de las
extraordinarias maratones de música, baile
y algo más, que poblaban la noche porteña
de entonces.
Pero volvamos al 1ª de abril de 1946
y recordemos la programación que L.R.1 Radio
“El Mundo” nos regaló ese día , en
los momentos previos al esperado debut del
“Glostora Tango Club”.
Después del “noticioso” de las seis de
la tarde, Raúl Galván entonó canciones melódicas
y a continuación don Atahualpa Yupanqui
nos deleitó con “música del altiplano”.
Luego actuaron Washington Bertolín y su
ritmo sincopado y Bina Butti cantando canciones
napolitanas. Le siguieron noticias de automovilismo,
Alberto Rodríguez en “Bailes criollos”.
y Ortega del Cerro en “Canción de Barrio”.
Otra vez noticias, seguidaa de boleros en
la voz de Gladys Marvel y a las 19.45 horas
el inefable “Peter Fox lo sabía”, radiante
preludio de lo que llegaría poco minutos
después.
Se escuchó entonces el ansiado “top” de
las 20 horas y como estaba previsto, se
alzó el imaginario telón del micro de 15
minutos que sería por años, el más popular
éxito de la radio. Las voces de Rafael
Díaz Gallardo y Lucía Marcó anunciaron el
“Glostora Tango Club”, “la cita obligada
de la juventud triunfadora”, con la participación
de la orquesta de Alfredo De Angelis
y sus cantores Carlos Dante y Julio Martel.
Según un tanguero memorioso, Juan Carlos
Jusem, la primera interpretación de la orquesta,
con la voz de Carlos Dante, fue el tango
“Carnaval” de Anselmo Aieta y Francisco
García Jiménez.
¿Sos vos, pebeta? ¿Sos
vos? ¿Cómo te va?
¿Estás de baile? ¿Con quién? ¡Con un bacán!
¡Tan bien vestida, das el golpe!...
Te lo digo de verdad.


|
Habida cuenta que para ese entonces transitábamos
tiempos donde el lunfardo estaba prohibido,
seguramente Carlos Dante debió cambiar “pebeta”
por “muchacha” y “bacán” por “galán”, pero
eso en nada enturbió la emoción de su voz.
 |
Así
nació por L.R.1 “Radio El Mundo”
y la “Cadena Azul y Blanca” un programa
de tangos, que goza hasta hoy del mito
de su excelencia junto al calor popular.
El “Glosotra Tango Club” es un
|
| referente
indiscutido y una bisagra en el tiempo
que nos marcó para siempre, a quienes
tuvimos la dicha de ser activos testigos
de la preeminencia de la canción ciudadana
sobre cualquier otra expresión. Imperturbable,
prosiguió por años el éxito del “Glostora
Tango Club” y “en el tiempo”, ese nombre
y el del maestro De Angelis se convirtieron
en sinónimo de Tango. |
Transcurrieron muchos “abriles”
durante los que el “Colorado de Banfield”
y sus cantores Carlos Dante, Julio Martel
y luego en el año 1951, Oscar Larroca, constituyeron
la razón del éxito del popular micro de
las 20 horas, que se irradiaba por Radio
“El Mundo”, desde su “salón auditorio” de
Maipú 555, Capital Federal.
En algunas oportunidades las
actuaciones de Alfredo De Angelis, requerido
por distintos compromisos en el exterior,
se alternaron con la de otros conjuntos,
pero él siempre volvería al “Glostora
Tango Club” para reeditar la mística
de los años que lo tuvieron como protagonista
exclusivo. En sus continuos regresos, se
fueron incorporando a la orquesta, las voces
de Juan Carlos Godoy, Roberto “Chocho” Florio,
Lalo Martel, Roberto Mancini, Carlos Aguirre
y Alberto Cuello, manteniendo sus interpretaciones
la invariable calidez interpretativa que
siempre caracterizó a la agrupación del
autor de “El Taladro” e inigualable intérprete
del tango de Anselmo Aieta, “Pavadita”.
Varias fueron las orquestas
típicas que se alternaron a partir del año
1951 en el “Glostora Tango Club”,
todas de primer nivel y entre las que puedo
recordar a las de Francisco Canaro, Ricardo
Tanturi - Miguel Caló, Juan Sánchez Gorio,
Juan D’Arienzo, Héctor Varela, José Basso,
Armando Pontier, Alfredo Gobbi, Enrique
Mario Francini, Osvaldo Pugliese, Rodolfo
Biagi, Florindo Sassone, Donato Racciatti
y Jorge Ardhu , único sobreviviente de ese
cielo de estrellas y que hoy, desde su Córdoba
natal, recuerda que su última interpretación
en ese tradicional espacio, allá por el
año 1964, fue el tango de Gerardo Matos
Rodríguez, “La cumparsota”.
 |
Como ya dicho, la trayectoria
del “Glostora Tango Club” marcó un
hito en la radiofonía argentina y sirve
aún hoy como punto de referencia de una
época en la cual se lo asocia a “Que pareja”
con Héctor Maselli y Blanquita Santos (“La
pareja Rinsoberbia”), a “Peter Fox lo sabía”
con José Tresenza y a “Los Pérez García”
de Martín Zabalúa, Sara Prósperi, Celia
Juárez y Jorge Norton. Todos estos fueron
los títulos más conocidos que coexistieron
con el “Glostora Tango Club” en el horario
de 19.30 a 20.30 , cuando la radiotelefonía
argentina se vestía de gala en LR 1 Radio
El Mundo.
Transcurrieron así veintidós
años de permanencia en el éter, como se
decía entonces, en los que el maestro Alfredo
De Angelis fue el “cadenero” de una página
de la historia del Tango, a la cual también
aportaron sus grandes méritos otras reconocidas
figuras de nuestra música popular..
El paso del tiempo y el auge
de la televisión fueron relegando a la radio.
El Tango sufrió entonces el embate de nuevos
ritmos que sonaban extraños para aquella
“juventud triunfadora”, de otros tiempos.
La fuerza del “marketing” hizo que esa música
menos sensible al oído de los tangueros,
ganara espacios en la pantalla chica y en
los espectáculos masivos que reemplazaron
a los tradicionales bailes con orquestas
de los clubes de barrio.
Como una luz que se apaga
lentamente, casi al finalizar la década
del sesenta, el “Glostora Tango Club” se
perdió para siempre e ingresó en la zona
gris de los recuerdos. Así se fue, recostado
en el viejo paredón del barrio sur, en busca
del “primer rayo del día”, cual “Rosicler”
que se agiganta en la voz de Julio Martel
y nos dice :
La vida es este río
que me arrastra en su corriente
blando y yacente, lívida imagen,
de vuelta ya de todos los nostálgicos paisajes,
muerta la fe, marchita la ilusión.
 |
Atrás
quedaron para siempre tantos agradables
momentos vividos al amparo de ese “Glostora
Tango Club” al que tanto quiso el
maestro Alfredo De Angelis y al cual
regresó cuantas veces fue requerido,
para reafirmar la cálida comunión |
| alcanzada
entre el artista y el producto que atrajo
a “la juventud triunfadora” de
entonces. |
Nostalgias de barrio perdido,
aquel en que flotaba el tango y sus sones
se esparcían sobre las sombras, se enredaban
con la ronda del botón e iba a dormir su
sueño de amor en la vieja calesita.
Para finalizar nada mejor
que evocar a Homero Manzi, el gran poeta
de los barrios porteños, con estos versos
de Cátulo Castillo y decir con nostalgia
no contenida:
“ Fueron años de cercos
y glicinas,
de la vida en orsay, del tiempo loco.”
José Pedro Aresi
Julio 2004
<<VOLVER


|