En
el mes de diciembre de 1961, el maestro Francisco
Canaro, a pesar de su frágil estado de
salud que tenía en ese momento, viajó
a Japón acompañado por los integrantes
de su orquesta típica, sus cantores y bailarines,
para realizar una gira artística que duraría
aproximadamente un poco más de un mes,
ya que partieron de Buenos Aires el día
25 de noviembre y arribaron de vuelta el 31 de
diciembre, justo a tiempo para pasar las fiestas
de fin de año con familiares y amigos.
Demás está decir, que esa gira fue
un rotundo y extraordinario éxito, tanto
de Canaro como compositor y director, como la
de todo el tango argentino a nivel internacional.
El tango en Japón no era
desconocido, todo lo contrario, pues nuestra música
se escuchaba desde mucho tiempo atrás a
través de discos, radiotelefonía,
televisión, la orquesta de su hermano Juan
Canaro había estado de visita unos años
antes, algunas orquestas típicas integradas
por japoneses actuaban en dichos medios, tales
como la "Porteña" y la "Orquesta Tokio"
y, en general, el público japonés
estaba ávido por escuchar nuestro tango
a través de una orquesta en vivo. Por eso,
en esa mañana de crudo invierno del día
27 de noviembre, el aeropuerto de Tokio se llenó
de gente y se vistió de fiesta, para recibir
a la embajada de músicos argentinos, (Canaro
era uruguayo), que venían a deleitar a
los japoneses con sus compases tangueros, sus
melo-días, sus cantos y bailes.
La gira del conjunto musical comenzó
el primero de diciembre en Tokio y abarcó
las ciudades de Kyoto, Osaka, Nagoya, Shizuoka,
Toyama, Kanazagua, Nigata y Sendai, y fueron 19
presentaciones a sala llena las que realizaron
estos verdaderos embajadores de nuestra música
ciudadana.
Además de los conciertos
en las distintas ciudades, que ya les indiqué,
el maestro Canaro grabó con su orquesta
un disco de larga duración (no existía
los casettes en ese tiempo), los tangos “La Cumparsita”,
“Quejas de Bandoneón”, “Canaro en París”,
“Corazón de Oro”, entre otros y con el
Quinteto Pirincho grabó “El Choclo” y “Felicia”
entre otros. Es muy importante que ustedes, amigos
lectores, conozcan quiénes fueron los integrantes
de dicha orquesta, porque esto es verdaderamente
una parte de la historia de nuestra literatura
nacional.'

|
Francisco
Canaro, director; Oscar Sabino, pianista;
Ariel Pedernera, bajo; Oscar Bassil, Domingo
Federico, Ambrosio Domingo Scapola y Antonio
Germade, bandoneonistas; Octavio Scaglione,
piscoto; José Sarmiento, Bernardo Veber
y Antonio D'Alessandro, violinistas; Ernesto
Herrera e Isabel de Grana en las voces y Gloria
y Eduardo como bailarines. El debut, como
ya lo indiqué, se produjo el 1º
de diciembre en Tokio, en el Koma Stadiu,
t |
odas
las entradas vendidas y televisado a todo Japón
por Canal 4, Nihon Televisio, contando también
con la presencia del embajador argentino en Japón,
Dr. Orfila.
De Tokio viajaron a Osaba, que es
la segunda ciudad en importancia y población
de Japón, donde actuaron en el Teatro Sennichi
Mae. Después de visitar las ciudades de
Nogoya y Shizouka vuelven a Koma Stadium de Tokio
y se encuentran con al agradable sorpresa de que
se encontrara en la función el presidente
de la Nación, don Arturo Frondizi, con
toda su comitiva.
Al día siguiente, el Dr.
Frondizi invitó a todos los integrantes
de la orquesta y al cuerpo diplomático
a una recepción en el New Hotel, lugar
donde se hospedada el presidente con la delegación
argentina. En esa reunión se produce un
hecho que, aunque un poco risueño, no deja
de ser insólito. Resulta que Canaro tenía
que pagarle a sus músicos con dólares,
que los tenía que conseguir a través
de la embajada argentina, según el acuerdo
que había hecho el maestro antes de la
gira con los productores de la gira, pero dichos
dólares se los tuvieron que dar a los integrantes
de la comitiva del presidente y, por tanto, no
quedó nada para los músicos. De
esta manera, la única manera de cobrar
era en Yens, que es la moneda japonesa, y que
en ese momento no tenía valor de intercambio,
y tenían que gastarse todo el sueldo en
Japón!!! Tremendo problema... ¿no?
No se asusten, que esto lo arregló
el Dr. Frondizi de un plumaso. Les dio un permiso
especial a los músicos para que todo lo
que compraran en Japón, con los yens que
obtuvieran como pago, podrían introducirlo
en la Aduana de Buenos Aires sin pagar impuestos.
Fue así que cuando llegaron a Buenos Aires
de regreso, el 31 de diciembre, cada uno venía
con cinco valijas llenas de productos japoneses
que, al venderlos en el mercado local les dejó
más ganancia que si hubieran cobrado en
dólares que tenían que haber recibido.
Francisco Canaro aprovechó
su estada en Japón para reunirse con los
miembros de la Sociedad de Autores y Compositores
de ese país, para recriminarles la falta
de pago de los derechos de autor de toda la música
argentina que se transmitía en los distintos
medios, a lo que los dirigentes de dicha sociedad
le prometieron que esa situación la iban
a estabilizar a la brevedad posible. Canaro los
había amenazado con no enviarles más
discos de música argentina y los japoneses
optaron por pagar los derechos de autor. Genio
y Figura. ¡Grande Canaro!
Cuando llegaron de regreso a Buenos
Aires, le preguntaron al maestro, qué tal
la gira por Japón, qué le había
parecido el país oriental, a lo cual Canaro
contestó sarcásticamente: “Y ....
es lo mismo que hacer una gira por el interior
del país... no hay diferencia...”
JORGE GUTMAN
<<VOLVER