Interés Histórico
INICIO
Fundación
Plaza de Mayo
Protagonistas
Antiguos Mapas
Inmigración
Antiguas Calles
Casas Históricas
Arte Histórico
Lectura
Viejos Impresos
Juguetes Antiguos
Viejos Mercados
Viejas Farmacias
Viejos Pasajes
Lo que No Miramos
Fotos Antiguas
Cúpulas
Barrios
CLICK PARA INGRESAR A LA SECCION TANGO
Links Afines
Links Recomendados
Libros Recomendados
Antigüedades
CD-Rom con Historia
Visitas Guiadas
Galería de Arte
Click por más información...
-Buenos Aires Hoy
INICIO
Diarios Argentinos
Restaurantes
Hoteles
Turismo en Buenos Aires
Turismo en Argentina
Agencias de Turismo
Tango
Datos Utiles para Turistas
Cines
Teatros
Subterráneos
Embajadas
Museos
Denuncias
Farmacias de Turno
Ferias Artesanales
Negocios
Gente que Busca Gente
Publicidad
Agradecimientos
Quienes Somos
Objetivos
Contactar
Página 2 --> Notas de Buenos Aires --> UN VIAJE DE BUENOS AIRES A SAN JAVIER, 1755

Un viaje de Buenos Aires
a San Javier (Santa Fe),
en el año 1755

 

Del libro Estampas del pasado 1, de José Luis Busaniche, editorial Hyspamérica, edición 1971.

info@buenosairesantiguo.com.ar


Este viaje a Buenos Aires me da ocasión de recordar y aportar algunas cosas que han ocurrido en el viaje de retorno. Cuando viajamos de nuevo desde Buenos Aires hacia Santa Fe, cruzamos el río de las Conchas en cuya región vimos manadas enteras de perros cimarrones que suelen alimentarse de terneros y potrillos en el campo, ellos viven en pleno campo en cuevas debajo tierra; según los agujeros por los cuales un campo muy ancho y amplio está minado, se puede deducir cuántos miles de perros viven sobre este campo. Aunque los vecinos de Buenos Aires y alrededores salen a caballo de cien a doscientos hombres armados para exterminar estos perros, parece no ser posible de exterminarlos. No les falta alimento alguno porque sobre este campo pacen tantos miles de ganado astudo y caballos, en parte de ganado manso, en parte de arisco; si no fuere esto, ningún ser humano podría viajar por este camino sin peligro de ser desgarrado por los perros. Pero como ellos son perseguidos, se asustan v tienen miedo; en cuanto ven a alguien a caballo, emprenden pronto la huída y buscan sus agujeros. Mis músicos tuvieron en este campo una caza divertida.

Todos estuvieron encabalgados con sus lazos y boleadoras; como ellos vieron tantos perros reunidos, cabalgaron rápidamente hacia ellos. Si los agujeros no hubieran estado tan cercanos uno del otro en los cuales se metieron presto, ellos hubieron agarrado muchos, sí bien quince quedaron entre sus lazos y boleadoras a los cuales mataron todos. Pero como ellos son también grandes amantes de los perros, habían agarrado también seis chicos v atado en los deis carros de carga que yo llevaba conmigo, pero qué imposible llevarlos, pues como eran fuertes y ariscos v trataban siempre de libertarse de las sogas, se ahorcaban ellos mismos; los otros mordían en derredor de ellos que nadie se podía acercárseles; por ello debieron matar a todos pues nunca se hubieron amansado v tal vez nosotros hubiéramos llenado nuestro contorno, campos y bosques, con perros cimarrones que hubieren causado un gran peligro tanto al ganado como también a las gentes.

Después pasamos el río Arrecifes y finalmente llegamos al río de Areco, a veintidós leguas de Buenos Aires donde el Colegio de Buenos Aires tenía una pequeña alquerita(1) que ellos llaman estancia. Allí vivían tres jesuítas. dos hermanos que di rigían la explotación y un sacerdote que como capellán atendía las almas de los moros negros de ahí, que eran esclavos del Colegio y cuidadores de ganado. Allí vivían alrededor de cuarenta familias de negros, que también ejercían la agricultura y trabajaban en un horno de ladrillo. Los demás estaban encargados del ganado del cual vivía el Colegio, junto con sus esclavos. Había hasta doce mil cabezas de ganado astudo; ellos

(1) Kleines Gütel, diminutivo de Gut, o sea una heredad. Paucke se refiere con el diminutivo probablemente a "las casas", pues el número de ganado enumerado a renglón seguido nos indica un importante establecimiento rural.

Tenían también algunos miles de caballos junto con una numerosa /crianza de mulares. Diariamente debían ser arreados temprano los caballos desde el vasto campo hasta la estancia a los corrales, para que los negros tuvieren los caballos necesarios para el resto del día para revisar el campo y recoger el ganado. Yo permanecí con mis indios cuatro días en este paraje; allá tenían suficiente diversión y ocasión de probar sus boleadoras las que también los moros conocen con gran maestría y pueden usar tal vez aun mejor que mis indios.

Cuando los moros traían en la madrugada los caballos a los corrales, había siempre veinte a cuarenta caballos cimarrones mesturados entre ellos, que sobre los amplios o extensos campos se habían agregado a los caballos mansos; pero como tales caballos cimarrones son perjudiciales a los mansos cuando se mezclan con ellos, y extravían frecuentemente muchos cientos de caballos mansos, por trescientos, cuatrocientos y más que sobre un campo de cien y más leguas ya no son de encontrar más ni pueden ser campeados a causa del gran calor solar y carencia de agua, tratan ellos de matar los caballos cimarrones (que junto con los mansos fueron arreados a los corrales) lo que ocurre del siguiente modo: los negros les tiran al pescuezo el lazo que está bien asegurado a la cincha del recado del jinete, sacan a la fuerza al caballo cimarrón desde los corrales al campo; ahí ya están otros negros de a pie con sus lazos, los tiran a los caballos brincantes a las patas, cierran a tirones [el lazo] y los voltean al suelo. Cuando está echado, libran de. lazos los pies y el pescuezo, y con un cuchillo filoso abren de un solo tajo la barriga; el caballo se endereza de un salto y se aleja con las tripas colgantes para afuera de la barriga que son desgarradas por los saltos del caballo hasta que éste finalmente a los cien pasos se cae y muere.

En una mañana yo he visto matar así cuarenta caballos cimarrones que todos quedaron tirados no lejos de los corrales: Al día siguiente todo blanqueaba a la mañana donde yacían los caballos, tampoco no vi otra cosa que los limpios huesos completamente despejados de carne de todos los cuarenta cadáveres. Yo extrañé que bestias salvajes habrían comido en una noche los cuarenta caballos y supe que / los perros cimarrones de la región han hecho esto por lo cual se puede deducir que sobre estos campos los perros cimarrones viven a miles. Si ellos encuentran entre estos caballos encerrados algunos potrillos bien formados, los dejan vivir, los jinetean y los amansan. Mis músicos deploraban el gran desperdicio de tantos caballos, rogaron a los negros les cedieren algunos de los jóvenes equinos útiles, ellos querían llevarlos consigo a su aldea. Los negros les dieron la libre elección de llevar consigo los que quisieren.

FLORIAN PAUCKE(2)

(2) FLORIAN PAUCKE. (1719.1780).-Jesuita alemán llegado al Río de la Plata como misionero en 1749. Estuvo en Córdoba y después en Santa Fe. donde desempeñó como misionero entre los indias mocovíes de San Javier una plausible y dilatada labor hasta la expulsión de la Compañía en 1767. "Paucke -dice el traductor de su obra don Edmundo Wernicke- reunía s su gran celo de propagador de la fe y a su amplia cultura general, una provechosa experiencia en los trabajos generales y un profundo conocimiento de la música, siendo a la vez un buen compositor". Vuelto el P. Paucke a su país después de la expulsión de los jesuitas, escribió un extenso memorial sobre sus trabajos en América y dejó sus manuscritos en el convento cisterciense de Zwetti, en la Baja Austria, donde fue huésped porque había sido disuelta la orden a que pertenecía. En el referido monasterio se sacaron copias que allí permanecieron junto con los dibujos de Paucke, algunos coloreados y de un gran valor documental. La obra de Paucke ha sido publicada integra en castellano por el departamento de investigaciones regionales de la Universidad de Tucumán, traducida por don Edmundo Wernicke, en 1942. La obra de Paucke representa riquísimo venero para el estudio de los historia colonial en múltiples aspectos.

Click por más información






CLICK POR MAS INFORMACION


Click por más información

Click por más información...

Click por más información


CLICK POR MAS INFORMACION

 



ESPERAMOS SUS HISTORIAS Y RECUERDOS
Si desea participar y compartir con nosotros y nuestros visitantes sus historias y recuerdos de décadas pasadas, las envía por email con su nombre y apellido a notas@buenosairesantiguo.com.ar o puede hacer CLICK AQUÍ para enviarla a través del formulario y las publicaremos en la sección NOTAS DE BUENOS AIRES, con su firma, de este modo podremos disfrutar todos de esa maravillosa memoria colectiva.