Mateos
y caballos llustrosos con claveles.
Mi madre nos llevaba a La Plata los domingos a visitar a los
tios. Ibamos en tren, el de Constitución. Nos ponían zapatos
y medias blancas, y mi madre calzaba sombrero. Cuando llegábamos,
nos tomabammos un mateo hasta la casa chorizo con balcones
de bronce. Toda una aventura.
El
plumin para hacer mapas
Hola! Se acuerdan de las plumas cucharita? Y la Perry? A mi
todavía no me "tocaba" hacer mapas, era para las que estaban
en tercero o cuarto...Pero miraba con envidia en la librería
a los que pedían el plumín y un frasco de tinta china, para
calcar los mapas usando papel manteca. Y...!cuidado con los
manchones! Porque no había forma de borrarlos. Había que empezar
de nuevo, y si era sábado y sólo nos quedaban dos hojas apenas,
había que concentrarse mucho. !Nadie podría imaginarse el
Liquid Paper, la fibra finita ni los quioscos 24 horas, que
te salvan ante cualquier emergencia. El mun do giraba alredodor
de ese mapa bien prolijo y pintado con lápices de colores
(los ríos de color azul) para que el luner la señiorita nos
estampara un MUY BIEN 10!
Sabíamos
que "los de primero superior" habían comenzado con su ritual
de iniciación cuando salían con los dedos manchados de tinta.
La señorita les había mandado comprar un lapicero, o una lapicera,
y algunas plumas que eran o cucharita o Perry. Había que tener
cuidado con los manchones, porque no se podía arrancar la
hoja, ya que nos habíamos tomado el trabajo de numerarlas.
En el pupitre había un tintero blanco de porcelana que encajaba
en un agujero a la derecha (no se cómo se las arreglaban los
zurdos, si los había) El portero se encargaba de llenarlos
periódicamaente con una tinta azul bastante aguada. Yo veía
esos menesteres con ajenidad: me habían regalado para mi cumpleaños
una "pluma fuente" Watermans, que todavía conservo y que llenaba
todas las noches con tinta Pelikan, a la hora de preparar
los útiles para el día siguiente. Después vino el tintero
involcable (de nombre, ya que perdían tinta por los costados)
y había que transportarlos firmes en un rincón de la cartera.
El carrito del verdulero
En algunas esquinas de Buenos Aires, estaba el verdulero con
su carrito y una balanza romana, esas con resorte y un plato
para poner la mercadería. Bueno doña, ahí va la yapa (esa
palabra me fascinaba)No había bolsitas de plastico ni nada
que se le parezca, se envolvía en papel de diario, a veces
Crítica. Me gustaba desplegar las hojas y buscar los chistes.
Creo que los miércoles tenía un suplemento de chistes, que
nos lo disputábamos con mi hermana.
Silvia
E. Chiarini.
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