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Página 2 --> Notas de Buenos Aires --> Los banquetes

Los banquetes

 

TEXTO: Vanesa Montacuto Chaminaud
(material escrito por el autor en El Foro de los Recuerdos de Buenos Aires Antiguo).

info@buenosairesantiguo.com.ar


>Años atrás se acostumbraba agasajar con un banquete, a quien partía hacía el extranjero, ya sea en viaje de placer o de negocios ; a quien había recibido una distinción honorífica o bien se disponía a abandonar su condición de soltero ; a aquellos que se jubilaban o eran ascendidos en su trabajo.

También era usual homenajear con un banquete a una autoridad cívica o militar en ejercicio o bien a algún candidato político, ya sea antes o después de una contienda electoral.

Era muy común en aquel entonces encontrar motivos para organizar estas reuniones, a las que concurrían diferentes personajes. Estaban aquellos que eran verdaderos habitúes de estos encuentros y otros que asistían con la única intención de congraciarse con el homenajeado o con quienes habían organizado el ágape.

Cabe aclarar, que también a los banquetes concurrían personas interesadas en acompañar al agasajado, pero no siempre eran las más. >En estas verdaderas maratones gastronómicas, el menú no variaba mucho entre una y otra. Lo más usual era servir como entrada, fiambres con ensalada rusa, un primer plato de ravioles con tuco y un segundo de pollo al horno con papas “noisette”.

En ocasiones, los ravioles eran reemplazados por “lasagna” y el pollo por lomo al champiñón o bien acompañado de papas a la crema. La comida culminaba con un postre consistente en ensalada de fruta, flan o durazno con crema, café y cigarros de hoja , cuya menor o mayor calidad y procedencia, distinguían la condición social de los concurrentes.

Todo el compendio gastronómico, era regado con vino tinto y blanco y podía verse algún que otro sifón. A lo largo de la habitual mesa en forma de “U”, también se colocaban bouquets de flores frescas. Invariablemente la “cabecera” de la mesa era ocupada por el homenajeado , sus allegados más directos y los concurrentes de mayor relevancia.

>A medida que los efluvios etílicos comenzaban a surtir efecto, algunos comensales se entretenían en lanzar bolitas hechas con miga de pan, tratando de dar en la cabeza del elegido como circunstancial blanco. También en este caso, el tamaño e intensidad de los proyectiles , dependía mucho de la condición "sociocultural " de los concurrentes, pero invariablemente ese inocente juego terminaba con el intercambio, algunas veces feroz, de panes enteros desde un sector a otro de la mesa.

>Al promediar la deglución del postre, era usual que algún comensal , previamente aleccionado, expresara con voz altisonante : - “¡ Que hable Fulano !. El aludido, luego de hacerse rogar un instante, se levantaba de su silla, se abrochaba los botones del saco, extraía del bolsillo algunas hojas de papel y comenzaba a leerlas, haciendo abuso de los hubierais, viniereis y pudiereis. Mientras el orador continuaba entusiasmado su verborragico discurso, muchos comensales permanecían completamente ajenos a las palabras del disertante y conversaban entre sí de temas diversos, que nada tenían que ver con el motivo que los había convocado.

>Ya en el final, los bouquets iban siendo desarmados por los presentes y los ojales de los sacos, lucían ornamentados con una flor del color que más se correspondía con la personalidad de quien la endosaba. Luego, lentamente, los asistentes comenzaban a despedirse y un apretón de manos o a lo sumo un abrazo, concretaba la partida. En esos tiempos los varones no se besaban.

>En aquel Buenos Aires, era una tradición terminar los banquetes en un cabaret y entonces, los más enfervorizados, partían rumbo a los tugurios de la avenida Leandro N. Alem y sus adyacencias, con el “non santo” propósito de continuar la “fiesta”

Los banquetes que solían ofrecerse a quien partía al extranjero, al menos a princípios de siglo, se repetían cuando el viajero regresaba a "la Reina del Plata", y por supuesto, eran la consecuencia obligada de haberse recibido de abogado, médico o doctor en literatura.

Los banquetes, o "comidas", como se los llamaba vulgarmente no dejaban de darse a las personalidades del momento cuando publicaban un libro, pronunciaban una con ferencia, o eran nombrados ministros de tal o cual cartera.

El menú, permanecía generalmente inamovible. Los banquetes, según creo, fueron desapareciendo ha cia los años treinta del siglo XX. Sin embargo, han dejado su recuerdo perdurable en todos nosotros. Sin embargo, hoy día, no creo posíble seguir conservando esa pintoresca costumbre...

¡Al precio que está la comida en la Argentina del Corralito!...

Vanesa Montacuto Chaminaud

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