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Página 2 --> Notas de Buenos Aires --> LA RECOVA VIEJA
La Recova Vieja
La primera noticia sobre la construcción de una recova hacia el lado este de la Plaza Mayor data del año 1766
 

FUENTE: Anotaciones para la pequeña historia de Buenos Aires, por el Prof. Jorge Ochoa de Eguileor publicada en la revista Gestión de Consorcios.
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En el número anterior, en la nota sobre "Plazas, jardines, parques y plazoletas hacia 1890", nos referimos a la Plaza Mayor. Dijimos que, en el reparto de tierras, Juan de Garay había reservado para tal fin una manzana, a cuyo alrededor se levantaría la Iglesia Mayor, el Cabildo, y hacia el este la casa del Adelantado y el Fuerte (donde hoy está la Casa de Gobierno). Recordamos también que como el Adelantado nunca tomó posesión de la manzana que se le había asignado, aquel lugar se transformó en el primer mercado de la ciudad. Otra parte fue concedida a los jesuitas, que luego se trasladaron -como explicamos- a la "Manzana de la Luces". Aquel sector dejado por los padres de la Compañía de Jesús, incrementó sus funciones de mercado, agregándosele un número no despreciable de "bandoleros" con sus "bandolas". Estos vendedores ambulantes comerciaban toda clase de artículos y baratijas, desde sus "puestos" apoyados sobre esqueletos de altas patas, los que diariamente retiraban para establecerse al día siguiente en el mismo lugar. A aquellos dueños de "bandolas" se sumaban cantidad de negras y mulatas que vendían "azucarados", mazamorra y otros comestibles, dejando al atardecer, cuando levantaban sus precarios "puestos", diseminado el terreno con sus desperdicios.

CONSTRUCCION DE LA RECOVA
La primera noticia sobre la construcción de una "recova" hacia el lado este de la Plaza Mayor data de 1766, año en que el Cabildo trata su posible edificación. A pesar de que en 1774 el virrey Juan José Vértiz y Salcedo autoriza su construcción, ello no se lleva a cabo. Pasó una década yen 1784, el Cabildo decide su construcción llamando a licitación para tal fin. Pero todo queda en "agua de borrajas".
Sin embargo, el te ma no fue olvidado. El 1 de septiembre de 1800, don Martín Diego de la Vega y Quiroga propone la construcción de una "recova", propuesta que no fue aceptada por el Cabildo que, ese mismo año, resuelve designar una Comisión, que se ocupara de reunir fondos para su construcción, en los tres frentes de la plaza.

Los planos habían sido presentados por el coronel de ingenieros don José García Martínez Cáceres, los que fueron aceptados por el virrey Joaquín del Pino. Llega el año 1802 y el Cabildo decide construir la revoca en base a aquellos planos. El virrey, por su parte, autoriza la obra pero con un plano distinto y menos importante que el presentado por Cáceres. Al fin, la recova comenzó a ser construida bajo la dirección del maestro mayor Juan Bautista Segismundo, según la traza de don Agustín Conde. Las obras, de dos alas de once arcos de medio punto por lado, concluyeron en 1803. El año siguiente, se construyó el gran arco que unió aquellas dos alas. Algunos años más tarde, el gobierno, con dificultades económicas por el bloqueo anglo-francés decidió sacar a remate la flamante recova que, por cuatrocientos mil pesos fue adquirida por los hermanos Manuel y Francisco Murrieta.

SOBRE COMO DON TOMAS DE ANCHORENA SE QUEDO CON LA RECOVA
Cuenta la historia que un interesado en la compra de aquella construcción, que al momento de la venta a los hermanos Murrieta, estaba de campaña en el interior del país, se obstinó en adquirir, de todos modos, la recova, y preparó una estratagema para conseguir este propósito. Con la complacencia de un ami go, que a su vez era pariente de los hermanos Murrieta, don Tomás de Anchorena, que era el interesado en la compra, preparó un cuento que fuera digno de crédito. Los hechos que relatamos ocurrieron ya en durante el gobierno de don Juan Manuel de Rosas. El ardid de don Tomás era hacer llegar a los oí dos de los Murrieta lo que se decía en los corrillos de viejas, e inventó la especie de que don Juan Manuel estaba muy enojado con ellos porque habían dilapidado la plata en aquella adquisición, no habiendo colaborado económicamente cuando el empréstito, lanzado por las urgencias económicas que debía afrontar el gobierno a causa del bloqueo.

Los Murrieta quisieron deshacer la compra, por miedo a las consecuencias que aquello les podía aca rrear. Pero al no poder retroceder en la operación por haber firmado el boleto de compra, trataron de buscar algún candidato interesado en la adquisición. Don Lino Latorre, que así se llamaba el amigo de don Tomás y pariente de los atribulados compradores, los puso en contacto con Anchorena. Fue así como, previo acuerdo con el gobierno, se firmó la transferencia de la operación. Anchorena fue desde entonces el propietario de la recova y Francisco y José Murrieta los quejosos vendedores, que se dieron cuenta tarde de la jugarreta que les habían preparado.

Y ASI PASARON LOS AÑOS...
Llegamos a 1883. Don Torcuato de Alvear, primer intendente de la ciudad federalizada, decidió echar abajo la "vieja recova" que dividía a las dos plazas (de la Victoria y 25 de Mayo) y unificarla en una sola, que llevaría el nombre de Plaza de Mayo. Como la propietaria, doña Clara Zúñiga de Anchorena se negara a esta demolición, el 25 de mayo de 1883, el intendente Alvear envió una legión de obreros. Ante la vista de su propietaria, los hombres comenzaron la demolición, que no pudo ser realizada en un sólo día, y se completó al día siguiente. La propietaria demandó a la Municipalidad. La justicia le dio la razón y ordenó al organismo el pago, con costas, según el precio que figuraba en la testamentaria de doña Clara, que ya había muerto... También había muerto la "Recova Vieja .


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