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En la quietud del Rosedal
se oye la voz del cardenal
Qué canta, qué llora,
qué implora Amor.
Otra (no recuerdo el título)
Cuando yo era pequeña,
nunca imaginé que me iba a enamorar como me enamoré cuando
tú, llegaste a mi me hiciste revivir esos cuentos de amor
que de niña conocí
Te di mi corazón a nadie se lo di
a nadie como a ti.
También estaba la audición
de Juan Corazón Ramón un cantante famoso de la ciudad
de Campana.
El Polichinela Cata, cataplún, cataplún, cataplún como
los muñecos en el pim.pam.plum.
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Cuantas cosas transcurrían
a través de la radio, escuchaba las novelas de Radio
El Pueblo donde los efectos especiales, el galope
del caballo, la lluvia, los truenos, el viento,
la tormenta, el chillido de una puerta que se abre,
el ladrido de un perro o el maullido de un gato,
la música, todo nos transportaban a la escena, e
imaginábamos la casa, el lugar donde transcurría,
lo vestíamos como nosotros queríamos al gusto de
cada oyente. Recuerdo la voz inconfundible de Oscar
Casco "mamarrachito mió" y de Hilda Bernard
su pareja en la novela.
También
la voz inconfundible de Fernando Siro, Jorge Salcedo,
Atilio Marinelli, Pedro Cuartucci, Roberto Escalada,
Eduardo Rudy, Juan Carlos
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Oscar
Casco, foto clarin.com |
Torry,
¡cuántos grandes! reyes de las novelas. Mujeres como Lidia
Lameson, Irma Roy, María Aurelia Bisutti, Beatriz Taibo,
Aida Luz, Nelly Beltran, Elina Colomer, Olga Zubarry,
etc..
Luego otro acontecimiento fue
el casamiento de los príncipes de Mónaco (Rainiero y Grace
Kelly) escuchábamos por la radio todo lo que pasaba y
el locutor iba redactando lo que pasaba e imaginábamos
cada lugar, cada escena, las caras de los príncipes, la
ropa, la carroza, el barco, para mi era como un cuento
de hadas hecho realidad.
Después de mucho tiempo pude
ver un documental de ese momento en la televisión y era
como yo lo imaginaba, aunque había perdido un poco de
encanto, lo mediático hace que otro piense, imagine por
uno, está todo a la vista, nada queda para la imaginación.
También recuerdo” Los Pérez
García”, una familia como la de antes, con los problemas
cotidianos, los mismos que le pasaban al oyente, una familia
querida, a la hora del programa, todos, sobre todo las
mujeres hacíamos silencio alrededor del aparato de radio.
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Otro programa era “Felipe” con Luis Sandrini, un
programa de humor, sin malas palabras, sin grocerías,
que despertaban las risas espontánea del chiste
ingenuo, sencillo, cotidiano, ¡Qué época! Escuchábamos
a “Tatín” ingenuo, divertido, inocente, y a “Tarzan”.
También a Cacho Fontana con Beba Bidart, a Ignacio
de Soroa, Colomba, Antonio Carrizo, Héctor Larrea,
Magdalena Ruiz Guiñazú, Carlos DÀgostino, etc...
Cuánta gente que pasó y cuántos que hoy no vienen
a mi memoria y que también estuvieron detrás de
ese aparato alegrándonos, informándonos, emocionándonos
y enseñándonos.
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Luis
Sandrini, foto de
http://www.arte-video.com.ar/comedias.htm
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Creo que todo ese material
tan rico que nos dio la radio a los que vivimos esa época
de oro de la misma, nos sirvió en la vida para redactar,
para escribir, para expresarnos ricamente sin tenerle
miedo a las palabras escritas desde las vivencias, desde
el alma, desde el corazón.
Agradezco haber vivido esa
época que me enriqueció tanto y que me dio ese bagaje
de emociones y sentimientos que sólo ese aparato con voz,
podía trasmitir a los que estábamos del otro lado.
Autor de la
nota:
Cristina Suárez
La dirección
de Buenos Aires Antiguo quiere agradecer su colaboración
a la Profesora Cristina Suárez al enviarnos tan gentilmente
la presente nota.
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