Pertenece
a un tripulante de unos 25 años, que viajaba en la corbeta
inglesa Swift al hundirse en 1770.
Los
huesos de un esqueleto completo del naufragio de la
corbeta inglesa Swift, hundida en 1770 en las costas
de Puerto Deseado, en Santa Cruz, fueron descubiertos
por científicos del Programa de Arqueología Subacuática
del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento
Latinoamericano (Inapl).
Primer
plano de las costillas y el húmero
derecho Foto: Gentileza Uriel Sokolowicz
Los
arqueólogos del Inapl recuperan los restos
Foto: Gentileza Uriel Sokolowicz
Es
la primera vez que se encuentran restos humanos bajo
aguas argentinas y durante una investigación arqueológica.
Los análisis realizados hasta ahora indican que se trataba
de un hombre de unos 25 años, que medía poco menos de
1,70 metros de estatura, era diestro y tenía una dentadura
casi perfecta.
Hace
236 años, las potencias marinas España, Francia e Inglaterra
se disputaban el mundo. Así fue que en 1770 y con destino
a Puerto Egmont (base británica en las islas Malvinas),
la Swift emprendió un viaje de reconocimiento geográfico
con un centenar de tripulantes. Según los documentos
históricos, sus 28 metros de eslora y 8 de manga no
pudieron con un viento fuerte que los llevó hacia la
costa.
La
nave embistió una roca a 40 metros del litoral y se
hundió. La mayoría logró llegar a tierra firme, pero
murieron el cocinero, cuyo cuerpo apareció flotando
al día siguiente, y dos infantes de marina. El esqueleto
hallado corresponde a uno de ellos, y la hipótesis de
los investigadores es que murió ahogado porque, quizá,
no tuvo tiempo de abandonar la cámara del capitán, en
la que estaba antes del hundimiento.
El
excelente estado de conservación sorprende a la doctora
Dolores Elkin, directora del proyecto e investigadora
del Conicet, y a su colega, el doctor en ciencias naturales
Gustavo Barrientos, a cargo del mayor hallazgo que dio
hasta ahora el estudio de la corbeta desde 1998. "Hay
materiales adheridos a algunos huesos. Parecen ser vestigios
de vestimenta. Esto, más el muy buen estado y el alto
grado de articulación de los huesos, reafirma la idea
de una rápida cobertura del cuerpo con sedimentos, con
muy poco o nulo contenido de oxígeno", explica Barrientos.
Ricardo
Bastida, biólogo marino de la Universidad de Mar del
Plata y especialista en biodeterioro, agrega: "El sedimento
[barro] funciona como una barrera al aislar los objetos
de organismos que lo deterioran, como la masa de agua
y las corrientes. La ría de Puerto Deseado tiene un
gran proceso de sedimentación y, además, la Swift está
rodeada de una construcción portuaria: todos los objetos
enclavados en el fondo actúan como una trampa de sedimento".
Las
bajas temperaturas de las aguas (entre 4 y 11°C) también
aportaron a la protección de los restos del náufrago.
Pero ¿qué nos puede decir un esqueleto de más de 200
años? Muchísimo. Se trataba de un hombre de unos 25
años al momento de morir, de alrededor de 1,67 metros
de estatura y diestro.
"Todos
poseemos algún grado de asimetría entre los lados derecho
e izquierdo -señala Barrientos-. En general, los huesos
del lado de uso habitual son más robustos o ligeramente
más largos. En este caso, el lado derecho posee más
desarrollo que el izquierdo." Según Elkin, "la salud
de los huesos era buena [sin evidencias de pérdida de
masa ósea] y similar a la de hombres blancos actuales
de su misma edad".
Barrientos
reconstruyó el cráneo, la única parte fragmentada del
esqueleto, y midió los dientes. Su estado era bueno,
sin pérdida de piezas en vida y con sólo tres caries
pequeñas. Más adelante, al estudiar la composición química
de los huesos, agregó: "Conoceremos la dieta: si comía
más vegetales o carnes".
Hueso
por hueso
El
hallazgo no fue de un día para el otro. El arqueólogo
Amaru Argüeso, primero, y el codirector del proyecto
Damián Vainstub, después, fueron quienes dieron con
la osamenta. Todo empezó en noviembre último, al iniciar
la última temporada de trabajos financiada por el municipio
de Puerto Deseado.
En
su turno de buceo, Argüeso encontró dos zapatos y notó
la cercanía entre ambos. Vainstub tomó la posta y dio
con el mayor logro de diez temporadas de trabajo y más
de 300 piezas de información (ver recuadro). Huesos
del pie, la tibia, el peroné Todo indicaba que no había
límites para soñar con el resto. Finalmente, en febrero
pudieron decir "misión cumplida" al recuperar todas
la partes del fondo del mar.
"Jamás
sentí miedo -dice Vainstub-. Sí un inmenso respeto
y empatía con ese tripulante que iba en ese barco."
Para su compañero, la sensación es de "un viaje en
el tiempo; ser el descubridor de algo oculto por mucho
tiempo". Elkin considera extraordinario el fruto de
esta última temporada.
A
Marcelo Rosas, que en 1982 descubrió la Swift, y a
los buzos, que hace más de 8 años desentrañan el enigma
de la vida a bordo de la corbeta, el cada vez menos
desconocido esqueleto quizá les dé la mayor satisfacción
pronto. Si existen familiares vivos de los dos tripulantes
desaparecidos y si la conservación del ADN es adecuada,
entonces el esqueleto podría tener nombre y apellido.
Más
revelaciones
El descubrimiento del esqueleto es sólo una de las
revelaciones del trabajo del Inapl. Otras incluyen
vasijas, botellas, un reloj de arena y una horma de
zapato. Todos "hablan": la vajilla hallada en la cámara
del capitán refleja la diferencia de status con el
resto de la tripulación; un vaso con cáscara de huevo
de pingüino indica que la dieta incluía productos
de la región, y una tetera con motivos chicos revela
el intercambio cultural y comercial de la época y
que se mantenía la costumbre inglesa durante el viaje.
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