| Cuando
apenas tenía seis años, hay hechos que quedaron grabados
en mi mente: el primero es que un día de Navidad de 1962,
desaparecían definitivamente los tranvías de Buenos Aires.
Recuerdo el "1" y el "2" que pasaban
cerca de casa, en Liniers y que iban uno hasta Primera
Junta y otro a Plaza de Mayo. Era un transporte ideal
para estos tiempos: fresco en verano, cómodo, rápido y
no contaminante. Pero la suerte (o los hombres) se empeñaron
en que desapareciera y en su lugar fueran reemplazados
por unos ómnibus Leyland que parecían tanques de guerra
por lo reforzados que eran y que si bien eran excelentes,
a los pocos años contaminantes por la falta de mantenimiento
de las unidades. Otro vehículo había corrido igual suerte
años antes y con menos tiempo de vida: el trolebús. Este
ómnibus "eléctrico" poseía al
igual que el tranvía, dos mástiles (trole) que tomaba
la corriente desde el enjambre de cientos de cables
aéreos que cruzaban la ciudad. Sin embargo muchas ciudades
del interior, como Rosario o Mendoza aún los posee a
través de unidades siempre renovadas importadas en general
de Rusia. Y el Primer Mundo jamás dejó de usar tranvías,
siendo las principales capitales de Europa líderes en
materia de vehículos de transporte no contaminante.
Aquí sólo nos queda el "premetro", tranvías
que realizan el recorrido entre Flores Sur y Villa Lugano
y el tranvía histórico de Buenos Aires, que todos los
sábados y domingos recorre un circuito en el barrio
de Caballito, para el recuerdo nuestro que lo conocimos
y el asombro de los que no.
DANNY ARESSE.
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