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Días pasados, buscando unos
apuntes en el altillo de casa, me topé con algo que
me trajo recuerdos imborrables y era una pelota inflable
de playa. No sé cómo aún estaba "con vida", pero lo
que sí sé es que de inmediato recordé el origen de esa
pelota.
Y era el año 1963 y en febrero
mi tía me invitó a pasar unos días con ella en Mar del
Plata. Con mis seis años, no dudé en aceptar esa invitación.
La noche de la despedida, no hubo lágrimas y sí sonrisas,
por parte de mis viejos, que se quedaron en Buenos Aires,
por razones de trabajo. Viajar a Mar del Plata, junto
a mis primos y mi tía fue todo un acontecimiento.
Había
alquilado un lindo departamentito en la calle Corrientes,
creo. Les comento que si bien al comienzo le tuve terror
al mar, a manera que iban pasando los días, cada día
me encantaba más. Así
paseamos por las distintas playas y uno veía esa ciudad
con pocos edificios y muchos chalets estilo inglés.
Recuerdo los paseos en "bañadera" por la ciudad y esa
larga y hermosa excursión a Sierra de los Padres. Pero
también recuerdo esos carnavales que me tocó vivir,
adonde desde una vereda a la otra se lanzaban de todo,
desde bolsas con agua hasta huevos.
La
violencia de los carnavales marplatenses culminaron
años después al prohibirlos definitivamente por unos
cuantos años. Pero volviendo a la historia de la pelota
de plástico, recuerdo haberla comprado en una tienda
con nombre de pariente, en la peatonal San Martín. Han
pasado muchísimos años y he vuelto muchas veces a Mar
del Plata y cada vez me sorprende más con su desarrollo
y lo bella que es, pero sin dudas el recuerdo de esa
ciudad bajita de 1963, es la que llevo guardada en el
Arcón de los Recuerdos y en mi corazón...
DANNY
ARESSE .
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