Dice
Borges en su poema “Ultimo sol en Villa Luro”
“En el cielo es de día, pero la noche es traicionera
con las zanjas.” “Toda la luz está en las tapias azules
y en ese alboroto de chicas.” “Ya no sé si es un árbol
o es un dios, ese que asoma por la ventana herrumbrada”
“Cuantos países a la vez: el campo, el cielo, las
afueras."
Así
el paisaje, así el tiempo. Buenos Aires crecía y junto
a ella espigaban ilusiones de progreso. En el año
1922, el Club Atlético Vélez Sársfield tenía su cancha
en Cortina y Bacacay y debía dejarla porque el dueño
del terreno deseaba fraccionarlo y venderlo. No resultaba
fácil encontrar en el barrio, un terreno que pudiera
albergar a una cancha de fútbol.
Después
de varios intentos fallidos, los dirigentes acordaron
con los señores José y Enrique López Bancalari alquilar
la manzana de tierra que éstos poseían, delimitada
por las calles Basualdo, Schmidel, Guardia Nacional
y Pizarro ; lugar bastante despoblado de un Villa
Luro que casi ya se adentraba en otro barrio, Mataderos.
El
20 de abril de 1922 se firmó el respectivo contrato
que establecía un alquiler mensual de $ 12.- por los
cinco primeros años y $ 150.- por los siguientes cinco.
El “estadio” fue inaugurado el 16 de marzo de 1924
y constaba del “field “ y una tribuna techada de madera,
construida al mejor estilo inglés con techo a dos
aguas y una marquesina en su centro, que ostentaba
orgullosamente el nombre de la Institución. Esa tribuna
estaba sobre el lado oeste del terreno, es decir sobre
la calle Basualdo, con entrada por el número 436 de
esa calle., que como las otras que circundaban el
predio eran de tierra, con zanjas, tal cual lo dice
Borges en su poema.
En
el año 1926 se construye la tribuna “a cielo abierto”
del lado este y en 1927 las cabeceras. Hasta aquí
todo había transcurrido normalmente, pero es en el
año 1928 cuando se produce el acontecimiento relevante
que marcará para siempre un hito en la historia del
futbol argentino. El 7 de diciembre de ese año, el
Club Atlético Vélez Sársfield inaugura la iluminación
eléctrica de su “field”, para convertirse así en el
primer Club del país en dotar a su estadio de la adecuada
luz artificial para disputar partidos oficiales.
Villa
Luro pasó a ser un nombre popular en todos los medios
gráficos y radiales, que se ocuparon del suceso y
no faltó algún periodista que criticara “la excentricidad
del lugar de ubicación de la cancha” elegida. Como
decía mi abuela, “si la envidia fuera tiña, cuantos
tiñosos habría”. Más adelante en el tiempo, la cancha
de Vélez Sársfield fue conocida como “ El Fortín de
Villa Luro”, por obra y gracia del periodista Hugo
Marini , que así la bautizó en las páginas del desaparecido
diario Crítica , en su edición del 6 de mayo de 1933.
Era la época en que al fútbol se concurría de traje,
corbata y sombrero o con rancho en el verano.
A
fines de 1941 la vieja cancha cedió al progreso y
el Club debió emigrar a Liniers. El predio fue loteado
y subastado en el año 1942. En la publicidad del remate,
se anunciaba la inminente extensión del subterráneo
Anglo, desde Caballito a Liniers. Transcurrieron sesenta
años y el “subte” aún duerme sus sueños en la vieja
estación terminal de Caballito. Hoy una placa recuerda
el histórico lugar y en su alrededor rondan los fantasmas
de muchos “cracks” del fútbol argentino.
¡ Cosas de un tiempo que pasó !
José
Pedro Aresi