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No
es comparable
Por Adolfo Sozzi |
A
veces te agarra la melancolía (viste?). Te acordás
de cosas viejas, regresás mentalmente al pasado
y empezás a extrañar. Nada de lo que hoy ves o
vivís te parece importante comparado con aquello.
Porqué.....
no es comparable un naranjo en Martínez con un
paraíso de cuarenta o cincuenta años en San Juan
y Liniers, despellejado por el tiempo y mostrando
sus cicatrices que cuentan todo lo que pasa a
su alrededor.
Porque
no es comparable una confitería en Unicenter con
el café bar El Deporte y sus mesas descascaradas,
desparramadas por la vereda de San Juan y Boedo,
viviendo en tiempo real la vida misma.
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Porque no son
comparables las bulímicas minas de hoy,
creyéndose modelos de TV con las papusas
de barrio de ayer, haciéndote sufrir y gozar
por una mirada cómplice o un beso robado.
Porque no es
comparable tu vecino,(sin desmerecerlo,
claro) venido a ejecutivo
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con
dos autos y colegio privado para sus hijos, con
Don Costa o Doña Paca y sus chimentos y consejos
instándote a estudiar para ser un hombre de bien
el día de mañana.
Porque
no es comparable el Tren de la Costa con el Parque
Japonés, como no es comparable el “diferencial”
con el tranvía veintiséis. Porque no es comparable
jugar al truco en la computadora con jugar sobre
el paño verde de las mesas del boliche de San
Juan y Loria.
Porque no es comparable el asfalto al empedrado,
ni la leche en sachet a la ordeñada directamente
por el vasco en la puerta de tu casa.
Porque no es comparable jugar a la pelota en una
cancha sintética de fútbol 5, que hacerlo sobre
el empedrado de la calle Cochabamba.
Porque
no es comparable bailar solo en la multitud de
una disco, que abrazado a una flor en el Marconi
o en Villa Malcon.
Porque
no es comparable conquistar una mina a que te
enganchen. Porque no es comparable la vil miseria
de hoy a la pobreza digna de ayer. Ni la “coca”
con un vaso de moscato.
Porque
no es comparable correr apresurado al banco que
disfrutar recorriendo pausadamente las librerías
de Corrientes entre Libertad y Callao.
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Porque no es
comparable Sylvester Stallone con Hopalong
Cassidy. Ni la Mitsubishi Montero con la
cupecita Chevrolet 51 de mi amigo Tito.
Porque no es
comparable un recital de la “Mona Jiménez”
con la cantata de Jorge Vidal en la cortada
de San Ignacio.
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Ni
la hamburguesa de Mc Donalds con el sándwich de
pavita del Trianón.
Ni
mandar un E.mail, con una carta de amor, que tardaba
una semana y al recibirla te desparramabas.
Ni
es lo mismo jugar a la guerra que a la bolita
o al balero. Pero, por sobre todo, no es comparable
la vejez con la juventud o la niñez.
Ni
yo con aquél.”
Adolfo
Sozzi .
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