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17 Octubre, 2007 9:37 AM

 

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El Hincha
Por José Pedro Aresi

Destacado habitante del “Buenos Aires en camiseta” que reprodujera magistralmente Alejandro del Prado (Calé) en las páginas de la revista “Rico Tipo” , “El hincha” es un personaje digno de ser considerado muy especialmente y así lo entendió en su momento nuestro filósofo de “las migas de media luna sobre el mármol helado”, el querido y siempre recordado Enrique Santos Discépolo, quien lo llevó al celuloide con genial maestría. .

Es sumamente importante conocer antes de comenzar este relato, que la palabra “hincha” no es sinónimo de “barra brava”. El hincha es noble, el “barra” no.

Según el Diccionario de la Real Academia, HINCHA quiere decir: “odio, enemistad” y sin embargo en Argentina, Perú y Uruguay, lo usamos para designar al “partidario apasionado de un club deportivo”.

El tema pasa entonces por descifrar porqué los habitantes de estos países han llegado a transformar caprichosamente la palabra, hasta el límite de emplearla en un sentido totalmente opuesto al de su verdadera acepción.

Pero este aspecto, puramente semántico, nada tiene que ver con el real sentimiento que alienta a los “fanas” de un club, vulgarmente llamados “hinchas”. Un verdadero “hincha” ama y muere por su club, idolatra a su equipo, vive pendiente de cuanto pueda sucederle a sus jugadores y respeta hasta el infinito la “gloriosa camiseta".

Llega temprano a la cancha, después de haber leído en los diarios hasta el cansancio, la formación del equipo y defendido en la mesa del café a cualquiera de los jugadores que luzcan la gloriosa divisa de sus amores, sin admitir el más mínimo cuestionamiento. Para él, todo aquel que vista la “camiseta” merece su respeto, su admiración y ciegamente, su confianza.

El hincha ve el partido de frente, no de espaldas y hace miles de “Poncios Pilatos” en su pañuelo, para darle suerte al “cuadro” de sus sueños. Es además el gran hacedor y creador de cábalas para que la fortuna favorezca a sus jugadores y puedan “rechazar” una difícil en su área o bien meterse con pelota y todo, sin importar la forma, en el arco contrario.

En la noche anterior al partido sueña con todo aquello que el desea que suceda. Si fuera por los resultados que se “dan” en esos sueños, todos los equipos serían campeones invictos.

Llegada la hora de la verdad, si el partido termina con un resultado favorable, se lo verá eufórico, blandiendo el “trapo” y entregando el resto de voz que le queda para despedir a sus jugadores y decirle al vecino de tribuna, ¡son unos fenómenos, son!, para enseguida pensar en el siguiente partido y agregar: - “el domingo le rompemos el culo a los bosteros, le rompemos”

Pero no siempre se gana, también se pierde.

Es entonces cuando la dimensión del hincha se agiganta y el dolor y el cariño se mezclan en una sensación difícil de explicar, pero muy fácil de sentir por quienes verdaderamente aman a su club. En este caso, el hincha se sienta en el “tablón” que hasta hace un instante maltrataba con sus saltos, pone la cabeza entre sus manos y la apoya sobre dos rodillas sostenidas por piernas temblorosas. Cuando su equipo pierde, el hincha no concibe que el partido haya terminado. Sueña con que en minutos proseguirá y que entonces..... el “Beto” va a meter dos goles seguidos, uno de cabeza.

El locutor de lo que un tiempo se llamó la “Voz del estadio” y hoy no se ni como se llama y aún más, desconozco si tiene nombre; ese señor de la voz estridente que antes y después del partido le rompió las bolas al “hincha” con noticias que él ni escuchaba, se despide por los parlantes hasta la próxima, al mismo tiempo que un “botón” le dice que hay que rajarse. Es entonces cuando el hincha toma conciencia que su equipo ha perdido, que ya nada queda por hacer y que nadie puede cambiar la historia.

Se levanta con los ojos inyectados, mira al “cana” que lo apura y por lo bajo, con mucho de bronca y total convencimiento dice: “el domingo le rompemos el culo a los bosteros, le rompemos!”

José Pedro Aresi.

 

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