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Fecha de última
actualización
12 Julio, 2008 10:22 PM

 

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Cómo conocí a Carlos Gardel


Por José Pedro Aresi

Yo supe de la existencia de Carlos Gardel, cuando sucedió el trágico accidente de Medellín. Desde ese momento Carlos dejó de ser un extraño para mis incumplidos cinco años. Parece cuento, pero no lo es.

Dos años más tarde, en el verano de 1937, comencé a tomar contacto con su cautivante voz, en la casa que mi viejo alquilaba en la calle Santiago de las Carreras 85 del antiguo barrio de Floresta, hoy Vélez Sársfield.

Don Amable Segundo Gómez que era el dueño de la casa donde yo vivía y además un “tipazo de aquellos”, volvía de trabajar los días sábados y luego de almorzar, se "tiraba" en la mecedora, en tanto me pedía que le pasara en la "vitrola" a manija, discos de su colección de Gardel.

Así poco a poco, fui conociendo casi todo el repertorio de el “Troesma”, si bien desde un comienzo mi tango preferido fue "Silencio" de Gardel, Horacio Petorossi y Alfredo Le Pera, el cual invariablemente "iba” todos los sábados.

Pese a mi corta edad, la voz de Carlos entonando esa letra de profundo sentido dramático, me cautivó y de ahí en más nunca abandoné a nuestro Zorzal, al que gocé luego con el tango de Discépolo "Chorra", para anclar finalmente en "Mi Buenos Aires querido" y “Volver”.

Con el tiempo comprendí el porque del sentimiento que Gardel volcaba en “Silencio” y entendí el porque de este tango y el de “Mi Buenos Aires querido”; obras con las que el Morocho del Abasto – hombre como pocos – quiso sintetizar su afecto a dos suelos que marcaron su existencia. No obstante ello, en el actual aislamiento de conceptos probados, las sombras perversas mueven sus bordes a través de un polo intermediático que contiene irrisoria capacidad de daño.

Modesto recuerdo el mío, transformado en natural nostalgia que no es otra cosa que tristeza exterior y viva alegría interior.

¡Salute la barra!
Mayo del 2006

por José Pedro Aresi


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