Fecha de última
actualización
5 Agosto, 2008 8:06 PM
El tango, Gardel y una
teoría de la historia Por Juan Carlos
Esteban*
Palabras Preliminares:
Esta disertación la inicio bajo la invocación
de un maestro del que se cumple 20 años de su
tránsito. Nos legó su ejemplo, un desafío y un
gran vacío. Quiso a su país, a Bs. As., su barrio
y el tango. La obra de Borges pertenece al acerbo
de los argentinos y el patrimonio de la humanidad.
El tango,
Gardel y una teoría de la historia
No se puede sumergir dos veces en el mismo río.
Las cosas se dispersan y se reúnen de nuevo, se
aproximan y se alejan.
Heraclito,
Fragmento 91
Por
Juan Carlos Esteban
1.
Las claves de la emoción
Creo
que el tema que elegimos tiene una connotación
que va más allá del simple título que encabeza
esta breve charla.
Seguramente,
sin ningún propósito premeditado vamos a encarar
un punto de inflexión en la historia temporal
de nuestra sociedad, que convoca a la reflexión
y a la polémica.
En verdad es un tema sugerente que evoca una época
que ya fué, y no tiene retorno.
Quiero decir que no se podrá repetir tal como
fué, con sus códigos, sus costumbres, sus
afectos y sus rencores.
Su escenario se ha mutado; tratar de repetirlo
resulta, por lo menos, pueril o candoroso.
Pero, ¿Qué podemos rescatar de esa época y sus
personajes que, en apariencia, parecen olvidados?.
Vamos a reflexionar sobre el mensaje y el ejemplo
de esa sociedad que pugnaba por construir un país,
que buscaba su personalidad y, finalmente, la
encuentra en su expresión artística que la identifica,
la define pero, también, le fija sus contornos.
Esa expresión cultural fue el tango y sus interpretes.
Todos. Desde el más excelso como Gardel hasta
las más humildes proletarias del canto, la vida
y la escena que enumeran puntualmente los grandes
poetas: “El conventillo de la paloma”, Malena,
Grisel, Madame Ivonne, milonguita y tantas…
En todos ellos obraba un denominador común que
no reconocía fronteras ni límites.
Todos, sin excepción, habían asumido transmitir
un mensaje cuya característica esencial era la
emoción.
Emoción que brotaba de las vivencias de la vida
cotidiana de entonces y que, hoy ya no se pueden
repetir, porque la escena se ha modificado.
Y ¡He aquí! La gran tarea que se plantea la sociedad
toda.
Recrear e inventar el nuevo mensaje que refleja
nuestra sociedad actual.
Y no es tarea fácil volver a impresionar los sentidos,
a emocionar viceralmente, redescubriendo
la clave emotiva que nos convoque a todos, sin
excepción, como fue el fenómeno del tango;
forma excluyente y única que nos daba nuestra
identidad cultural.
Y no es tarea menuda.
El tango ya esta en la historia. Es inamovible;
es un soporte cultural que está, en el acerbo
de los argentinos.
Sin embargo la vida sigue; la sociedad se modifica.
Exige nuevas formas expresivas que la representen.
Y ese es el desafío.
No se puede repetir, mecánicamente, lo que ha
sido.
Debemos empeñarnos en reiniciar la difícil tarea
de dar a luz aquella expresión emotiva que nos
una; en la que nos reconozcamos genuinamente.
No se puede transmitir emoción cuando algo
ya no se siente.
Sencillamente, no forma parte excluyente de la
vida cotidiana de los argentinos.
¡Cuánta sencilla razón tenía Tita Vidal, a la
que evoca Guadalupe, Avalle en un libro encantador,
cuando comenta que “todo el mundo se admiraba
de que hubiera cantado el tango con tanta emoción!”.
¿Se puede repetir hoy, con la misma emoción, algo
que ya no existe en el imaginario colectivo? ¿Se
puede rezar el tango como una plegaria,
tal como lo expresaba Gardel, cuando el medio
que él describía mudó su escenografía? ¡Nó!
Sus feligreses son otros y han mudado de parroquia.
Están solos y esperan, remedando a Scalabrini
Ortiz.
Con razón decía Cyril Connelly que “desde el momento
en que un escritor o un artista pone la pluma
sobre un papel, pertenece a su tiempo; desde el
momento en que es de su tiempo, cesa de tener
un atractivo para otra época”.1
Los que transmiten la voz del pueblo, los viejos
juglares, se nutrieron de la poesía anónima o
de sus poetas y sus bardos. Pero hoy están ausentes.
Nos faltan los Contursi, los Celedonio Flores,
los Cadicamo, los Manzi. Y eso no se inventa,
ni salen por encargo. Son aquellos que interpretan
mejor las vivencias de una sociedad determinada
y circunstancial.
2.
La voz de la historia
Los
estamos esperando. Hay muchos intentos y muchos
fracasos. Yo creo que dicha misión no es fácil
porque nuestra sociedad esta desconcertada, fragmentada
y desculturalizada. No consigue sumar un discurso
común.
Eso
dificulta la tarea. Pero no hay que desfallecer.
En la prueba y el error reside el éxito. Pero
algo hay que tener en claro. No se puede repetir
lo que ya se instaló, cómodamente, en la memoria
de la historia.
Aquella expresión
cultural que fue el tango, no convoca, masivamente,
a nuestra sociedad contemporánea. A no equivocarse.
No se puede desempolvar “Mi noche triste”, o “Ventarrón”
porque no se corresponden con la sociedad actual,
con sus vivencias, y sus requerimientos.
Conmueve a
muy pocos. Hay que mirar para adelante. Tenemos
que ser concientes que, para aquellos que investigamos
la historia, la tarea que nos convoca es poner
de relieve el vacío cultural, en todos sus géneros,
que se manifiesta en la hora actual.
Tenemos que
advertir que el pasado vuelve, sólo como una grotesca
comedia.
Aquellos que
tratan de resucitar el tango, tal como lo conocemos
nos hacen acordar a “los poetas discutiendo sobre
la poesía moderna; chacales gruñendo en torno
a un manantial seco” rescatando una cruel, pero
exacta reflexión de Connelly.
A propósito
el hermano menor del tango; ese lazarillo que
vehicularizó las emociones y la riqueza lingüística
del tango que fue el lunfardo, también, como él,
afronta el mismo destino.
La misma impiadosa
fatalidad del paso del tiempo.
En efecto:
“El lunfardo – decía Marcos Morinigo, lingüista
de reputación internacional – es un hecho del
pasado que hoy no tiene ya la vigencia de otro
tiempo, porque las circunstancias particulares
que hace un siglo, le dieron nacimiento y las
que hasta la Segunda Guerra Mundial posibilitaron
su desarrollo están totalmente abolidas y como
hechos históricos no se pueden repetir.
Los esfuerzos
que le hacen para mantener la ilusión de su supervivencia
no pasan de gestos nostálgicos.
La dinámica
de vida cotidiana, es constante creación y el
corazón del lunfardo (yo digo del tango) ha cesado
de latir hace ya más de treinta años.
La prueba es
que, la mayor parte de lo que hoy se presenta
como creaciones lunfardescas, son repetidos pastiches
o inertes taraceas compuestas con voces antiguas
bien conocidas, sin cambios en las connotaciones
que trajeron al nacer.”2
3. Los funerales
El tango y
el lunfardo ha cumplido ya su ciclo dentro del
imaginario de Buenos Aires.
Es hora, entonces,
de sacudirnos la modorra y mirar hacia el futuro.
Quiero repetir
a Morinigo cuando insiste en que “llamar neolunfardo
– en este caso tango moderno – a las inevitables
y numerosas expresiones, vocales o musicales inventadas
diariamente dentro del dialecto o la expresión
sonora actual, es algo que sólo podemos aceptar
como una licencia poética, un intento de asimilarlas
a algo inexistente, porque ya se ha disipado la
atmósfera social en que (el tango) y el lunfardo
“tuvo su razón de ser.”
La ingenua
ilusión, fomentada por los profesionales del tango,
que pretenden reemplazar a los auténticos poetas
populares, para un turismo ramplón y apresurado,
no puede reinventar lo que es patrimonio exclusivo
de la creatividad espontánea de un pueblo.
Él le dá la
espalda y no lo hace masiva y espontáneamente
suyo, porque no lo reconoce como genuino, ni representativo.
Tiene pies
de barro. Es efímero y pasajero. Pero, en todo
caso, hay un riesgo cierto.
Consiste en
instalar en terapia intensiva y prolongada lo
que ya ha expiado. Y ese es el tango, tal y como
lo conocimos.
Ha fallecido
con todos los honores a partir de la década del
’40. A sus funerales asistieron José María Contursi,
el Discépolo del profético “Uno” y “una canción
desesperada”, Manzi, el gran Pedro Mafia taconeando
“el fin del arrabal, con la cruz de un puñal y
con toda su ley”; de allí en adelante, nada más.3
La sociedad
industrial de posguerra, con sus nuevos inmigrantes
“inyinieros”, los hermanos de interior, los portadores
de rostros andinos, tan auténticos como los compadritos
y los tanos del centenario, tienen hoy otras urgencias,
otros reclamos expresivos, y musicales, otro discurso.
El tango no les sirve; no los representa, no es
su Manifiesto. Sus códigos son otros.
4. Los números
Vamos a explicar,
brevemente, el cambio cualitativo de los principales
indicadores socioeconómicos que dan sustentabilidad
a ese cambio, que termina reflejándose en los
usos y costumbres de nuestra sociedad.
En primer lugar
veamos porque decimos que nuestra patria opera
un cambio refundacional a fines del siglo XIX
y comienzos del siglo XX. También detengámonos
en la preponderante participación del componente
inmigratorio en nuestra sociedad, que nos aproxima,
en algún momento, a un país de extranjeros.
En 1870
la población argentina era de 1.872.000 habitantes.
Diez años después, en 1880 la cifra casi se duplica,
pasando a 2.492.000 habitantes con un 42% de participación
extranjera.
En 1914 crece
exponencialmente hasta los 7.885.000 habitantes
con un 54% de participación extranjera en el incremento.
En 1852 había 20 escuelas costeadas por el Estado
de Buenos Aires; veinte años después – 1868 –
1873 – creció hasta 1.117 escuelas públicas.
En San Juan, en 1868, había sólamente una Biblioteca
Popular. En 1874 – 6 años después – habían crecido
hasta llegar a 140 en todo el territorio provincial.
Entre 1873 y 1900 el P.B.I. per capita se duplicó
y en 1929 había crecido desde 1873 tres veces
y media, acercándonos a EE.UU. superando a Italia
e igualando a Inglaterra.
¿Por qué digo además que en Argentina se operó
un nuevo salto coperinicano entre 1930 y 1950,
particularmente en la composición de la sociedad
y en su factor de integración, étnica, que influye
sobre sus costumbres y gustos?
Todos sabemos el flujo inmigratorio de posguerra,
del exterior, del interior del país y países vecinos
al impulso del sector industrial, donde aparece,
entre otros, el problema habitacional (villas
de emergencia) etc.
Para hacerlo simple la característica de ese período
se refleja en la producción y el consumo por persona
que entre 1930 y 1950, crisis mediante, sin embargo
sus indicadores se duplicaron.
En ese mismo período la población industrial pasa
de 1.012 millones a 2.070 millones mientras que
en el sector agropecuario la población rural,
del 39% en 1904, baja y representa el 26% sobre
el total ocupado.
5. Los Intérpretes
y sus códigos
Esto se refleja
en el plano social donde sucesivamente a la china
cuartelera la sucedió la costurerita de Carriego.
Luego vinieron las fabriqueras y el taller, con
sus nuevos códigos, para dar paso a la fábrica
con sus operarias industriales sindicalizadas.
Por fin llegan las que operan internet, los servicios,
etc.
Cada una trae su impronta. Sus costumbres son
otras. Sus melodías que fueron los “tristes” y
las bagualas, luego las sustituyó el tango y hoy,
provisoriamente, se aturden con las baterías y
el ruido…
En otro espacio, Gardel mismo se puso a la cabeza
y acompañó el periplo que siguieron los cambios
en nuestra sociedad. Frente al payador, heredero
del gaucho nómade y sentenciosos de José Hernández,
Gardel se planta con sus aires camperos, que integran
su primer repertorio. No improvisa. Elabora, escribe
o copia. Es otra cosa.
La sociedad, empieza a desperezarse de su pasar
bucólico y contemplativo. Su gente es compelida
a la milicia o como peones asalariados. Se impone
el orden, los reglamentos y el uso horario masivo.
En el centenario comienzan a gestarse las grandes
urbes a expensas de la lenta despoblación del
campo. Coexisten el campo, el suburbio y el arrabal.
Asoma
entonces una nueva forma expresiva que Gardel
asume inteligentemente. El tango envuelve a esa
nueva sociedad, la representa, la totaliza
y él se convierte en su rapsoda.
Lentamente, el malevo esquinero y sin trabajo
fijo, es absorbido por las fábricas que lo proletarizan
y lo amansan.
Su atención esta en el torno y el balancín. Abandona
el puñal y se aliena junto a la herramienta.
El horario implacable
lo somete. El emblemático “Lechuza” ya no se “recuesta
en la esquina a pensar”. Transita “rumbo al olvido”.4
El converso
habita y convive en la fábrica; se despuebla la
esquina y se dispersa la “barra”. Gardel fue el
cronista de todo ese cambio. También, junto a
Discépolo, le tocó expresar la crisis y desesperanza
de 1930.
Pero
la sociedad no se suicida en las vísperas. Se
abraza, como una especie de fuga hacia delante,
al tango – canción o, el tango – balada, que la
adormece.
Gardel
se apropia junto a Lepera de ese discurso y le
canta a las golondrinas, el día que me quieras
y a un arrabal de cartón.
¡Siempre
primero; siempre a la vanguardia! Lejos de “El
Moro” y el “Tirador Plateado”pero, también, de
Acqua forte.
Después
Malerva, Piazzola; el bandoneón encapsulado en
la música de cámara, que asoma como acordes de
Buenos Aires.
Pero, es para
pocos, para una élite. No es un juicio de valor;
ni lo califica. Creo que llegó para quedarse.
Es un sello
de identidad que nos afianza en el universo de
la música mayor. La joven música argentina, con
Astor, entró en la adultez.
Pero queda
el gran vacío que ocupaba el tango. Le debemos
a nuestro pueblo ese regalo exquisito que nos
embrujaba.
Por ahora ese espacio, lo usurpa el ruido.
6. La búsqueda
y los falsos profetas
Esta nueva
sociedad, mientras tanto, que sucede a la grandiosa
creación que se gestó entre 1880 y 1930, continúa,
aún hoy, en plena e incesante tarea de amalgamarse.
Debe fundirse
en una nueva versión que se refleje unitariamente,
y encuentre sus distintos canales culturales que
incorporen lo mejor del anciano régimen, pero
que expresen, en la sociedad moderna, la nueva
imágen argentina.
Nó a una caricatura
que espanta a la vieja generación y, aleja, a
las nuevas. No serán desde luego, los “Ratones
Paranoicos”, “Los Pibes Chorros” o “Los Auténticos
Decadentes” que preanuncian y disputan su inexorable
destino.
Tampoco las
malas copias y los audaces “arreglos” que desnaturalizan
y convierten en difusas las clásicas melodías
y las venerables orquestaciones de las que fueron
fieles custodios, De Caro, Fresedo, Di Sarli o
Troilo.
Algo así como
pretender “arreglar” a Mozart o Beethoven en lugar
de ejecutarlo con la mayor fidelidad. La búsqueda
de esas nuevas formas representativas de la nueva
cultura, no puede eludir los ensayos, la marcha
atrás, los atajos sin salidas válidas, pero encaradas
con seriedad y dignidad profesional.
Junto a ellas
aparecen, inevitablemente, formas espurias y decadentes,
de las que no esta a salvo todo intento renovador.
Son los que
Sebreli caracteriza como “los prisioneros del
ruido”.5
“Se desconoce,
por otra parte, – dice J. José Sebreli – que el
silencio es parte ineludible de la melodía.
La batería
– el instrumento más ruidoso – convertida en la
base de la música juvenil desplazando a instrumentos
complejos como el piano y el violín, es otro síntoma
del envilecimiento del oído musical”.
Yo agrego:
de las formas culturales decadentes que se vienen
afianzando en nuestra sociedad y que costará revertirlas,
porque están emparentadas con las corrientes internacionales
que globalizan la subcultura.
Ardua tarea,
entonces, la que deberán enfrentar las jóvenes
generaciones que pugnan, porfiadamente, por rescatar
los valores culturales más genuinos y perdurables,
cuyas formas expresivas, aún no se vislumbran.
No será, claro,
ese tango escénico, histérico y contorsionista
que nos ofrecen a diario, para encandilar al turista
medio y a las nuevas generaciones, espantados
con su acrobacia tan extraña a lo que Borges definía
como “una orgiástica diablura, que hoy es una
manera de caminar”.6
El tango, entonces,
no tiene otro destino ni mejor porvenir, que la
mazurca, el minue o el vals. Expresó puntualmente
a una sociedad en incesante cambio.
7. Los adelantados
Gardel que
fue un ejemplo de talento revolucionario e innovador
ya nos advertía que: “lo que pretende eternizarse
desaparece y como la música desaparecerá con el
último suspiro del hombre, acompaña el fenómeno
de la vida, esto es, cambia, se transforma, se
adapta, varía de acuerdo con los gustos, tal como
ocurre con la arquitectura.
Por eso mis
últimas piezas musicales – concluye Gardel – “Cuesta
abajo”, “Sus ojos se cerraron”, “El día que me
quieras” expresa la tendencia actual”.
Reportaje a
Gardel, en 1935, de un cronista del Mensajero
Paramount de Nueva York. ¡Qué tal! Nada menos
que él ya atisbaba, hace 70 años, el cambio inevitable.
De paso, amigos,
descubrimos otro Gardel. No el disfrazado de malevo,
sino el verdadero Gardel: genial y talentoso que
nos dice porqué sigue siendo tan vigente.
Bien mirado
es una pieza de la más esclarecida filosofía contemporánea.
No hay duda. Hubo otro Gardel subyacente, a parte
de aquel de la plegaria laica, que nos conmueve
aún con el viril contrato social con que se compromete
en “Mano a Mano”.
Parece que
alguien le hubiera advertido que ya un oscuro
filósofo de Efeso 7
había sentenciado, en un lenguaje simbólico y
lleno de alegorías, que todo fluye, que no nos
sumergimos dos veces en el mismo río; que la constante
de la historia y la naturaleza es el cambio permanente;
la ansiedad constante.
El sentimiento Fáustico.
8. El porvenir,
sus riesgos y nuestra misión
Es imposible
detener el tiempo y las formas y expresiones que
se suceden y modifican incesantemente. Historia
es la historia del cambio de la sociedad y sus
costumbres, sus hábitos, sus expresiones culturales.
Es ingenuo,
entonces, encasillar el tango como expresión válida
y permanente de un pueblo y una sociedad a lo
largo de la vida.
Todo cambia,
todo fluye. El desarrollo no es lineal y en permanente
ascenso. Tiene sus retrocesos transitorios, su
estancamiento relativo y también, su muerte, para
reaparecer, transformado, en otro tiempo y otra
sociedad.
Cuando digo
transformado, estoy queriendo decir que va a seguir
portando en su seno, lo más genuino del ser argentino:
su ética, su espíritu de grandeza, su forma expresiva,
inimitable que la hace tan nuestra y alguna vez,
fue una constante en nuestra historia como país.
Nadie puede
garantizar la permanencia y vigencia de determinada
forma, sociedad o país. La decadencia de Grecia,
Roma o Cártago y los imperios modernos nos muestra,
elocuentemente, la inviabilidad de la conservación
de determinadas categorías sociales o formulaciones
en que la sociedad o el hombre se expresan.
Nuestra música
y sus exponentes, no escapan a esta regla de hierro.
Pueden pasar
a la historia o al olvido, pero no les podemos
garantizar su vigencia y lozanía en su expresión
pretérita a través de las distintas etapas
que la sociedad transpone.
También, pueden
aparecer como comedia o como tragedia pero, su
resurrección, en su forma originaria, esta garantizada,
únicamente, como una secta o una comparsa.
Ese es un riesgo
cierto que corremos sino avanzamos; si nos consuela
el pasado por miedo a afrontar el futuro como
sociedad organizada. Yo creo que este es un tema
de rigurosa actualidad; apasionante.
Lo formulo
en forma de hipótesis de trabajo. Estoy persuadido
de lo que afirmo, pero no vacilaré en sumarme
a la discusión de la tesis que hoy dejo esbozada,
con toda la fuerza y la honradez intelectual con
que tenemos que afrontar la apasionante tarea
que nos hemos planteado.
¡Ni un paso
atrás; ninguna polémica bizantina que disperse
nuestro convocante proyecto!
De cara al
futuro. Hay fuerzas oscuras, intereses espurios,
costumbres arraigadas y también conocimiento insuficiente
sobre muchos temas.
Pero, convocamos
a estudiosos para que, lideren, desde este Centro,
un vuelco formidable al esclarecimiento de infinidad
de temas puntuales sobre los que, creo, no se
puede volver atrás. Este es un compendio sintético
de una labor más basta que recién comienza.
Creo que hay
que poner el acento en esta ponencia debatible
y que he tratado de sintetizar donde, no lo dudo,
aparecen infinidad de interrogantes. Pero esta
abierta a la polémica.
(Disertación
auspiciada por el Ministerio de Cultura de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el centro de
Estudios Gardeleanos en el Museo Casa Carlos Gardel
el 15 de junio de 2006).
2 El
lunfardo, pág. 105. Academia del Lunfardo. Sep.
1979.
3 Entiéndase
bien cuando me refiero a la muerte del tango en
sentido simbólico. Lo ubico como que ha dejado
de ser protagonista esencial de un proceso creativo,
vivo y dinámico, vigente empero en su sitial histórico.
4 “Lechuza”, Tango. Alfredo Navarrine.
“Su muchachada de rompe y raja / se fue a baraja
ya derrotada… /Hoy su barriada cambio de traje
y el malevaje trabajando está…
5 J.J.
Sebreli. Bs. As., Vida Cotidiana y Alienación.
Pág. 281, Edit. Sudamericana.
6 J.L.
Borges. Obr. Comp. pág. 160. Edit. Emecé.
7 “Heraclito”.
Oswald Spengler. Edit. Espasa. Año 1947.
Obras consultadas:
“El Ciclo de la Ilusión y el desencanto”.
P. Gechunoff y Lucas Lach-Editorial. Ariel
“Auge y Decadencia de la Economía Argentina”.
V.V. Presedo Academia Nacional de Ciencias Económicas.
“Imperialismo y Desarrollo Económico”.
J.J. Esteban – Edit. Palestra.
(*)
Juan Carlos Esteban nació en Buenos Aires. Como
periodista colaboró en la década “del cincuenta”,
en la sección literaria del diario Clarín con
trabajos históricos y literarios. También encaminó
su actividad hacía las disciplinas económicas.
Es autor de los libros “Capitalismo de Estado
en la Argentina”, “Valor Industrial y Enajenación
de DINIE”, “Reflexiones sobre la Crisis Financiera”
(1959), “Imperialismo y Desarrollo Económico”,
“Emisionismo y Crisis Económica” y también volcó
su sentimiento nacional, adentrándose en la cultura
popular mediante investigaciones que lo llevaron
a publicar el libro “CARLOS GARDEL Encuadre Histórico”
e innumerables artículos sobre la vida de nuestro
“Morocho del Abasto”. .